Frente
al asistencialismo como única respuesta a la pobreza, hay
gente que trabaja para generar cambios en la vida de las personas
de menores recursos, a partir de su capacidad, esfuerzo, creatividad
y espíritu emprendedor.
Un caso concreto en este sentido es la Fundación
Aldeas Grameen Mendoza, entidad que nació en 2000 del grupo
parroquial Caritas de Chacras de Coria, con objeto de facilitar
el financiamiento para microemprendimientos productivos de los más
pobres, que se basa en el modelo creado por el economista bengalí
Mohammad Yunus.
En 1982, Yunus fundó oficialmente el Grameen
Bank (Banco de la Aldea), que hoy mueve 2400 millones de dólares,
tiene más de tres millones de afiliados y beneficia a quince
millones de personas con préstamos de 110 dólares
por año. Personas que están logrando salir de la miseria
más absoluta sin limosnas ni ayuda humanitaria. Sólo
con pequeños créditos.
La idea de Yunus ya se ha extendido a más
de 60 países, entre ellos la Argentina, el primer país
en abrir el llamado Banco de los Pobres en América latina,
donde también hay otras experiencias exitosas de parecido
tenor, como el Banco Solidario (Bansol), en Bolivia; Contigo, en
Chile, y el Banco Mundial de la Mujer, en Córdoba.
En el caso de Grameen Mendoza, que lidera la
empresaria Mónica Pescarmona, el monto de los préstamos
no supera los $ 500, por devolver en forma periódica, con
responsabilidad y garantía solidaria del grupo, a partir
de la financiación de benefactores y de la cooperación
internacional. Están destinados a personas carecientes, predominantemente
mujeres, con bajos niveles de educación y ocupaciones relacionadas
principalmente con las actividades productivas.
Para ello, previamente realizan una convocatoria
para informar sobre las factibilidades del microemprendimiento,
seleccionan y forman grupos de responsabilidad solidaria de cinco
integrantes como mínimo, capacitan a los grupos y evalúan
los proyectos por financiar. "Ningún individuo ni entidad
por sí misma puede resolver las graves situaciones de pobreza",
dice Mónica Pescarmona. |
A su juicio, el sistema
de Yunus de microcréditos tampoco es una solución
mágica, pero posee cualidades que son imprescindibles para
encarar cualquier estrategia que se proponga lograr un crecimiento
sostenido. Destaca que no alienta el asistencialismo, sino la autoayuda,
algo clave para preservar la dignidad. "Además, contribuye
a que los sectores más pobres creen ingresos legítimos
y constantes, al tiempo que beneficia al receptor, genera un ejemplo
y, por lo tanto, un círculo virtuoso y multiplicador",
dice.
El radio de acción de Grameen Mendoza
comprende Palmira, zona rural distante unos 50 kilómetros
de la capital, con el mayor índice de desocupación:
el 70 por ciento de la población económicamente activa.
También el barrio La Gloria, situado en
Godoy Cruz, zona con un alto nivel de conflictos y violencia suburbana,
así como Chacras de Coria y Potrerillos, ambas en Luján
de Cuyo, y Uspallata, donde existen muy pocas fuentes de trabajo
que no deriven del tráfico de la ruta a Chile.
Alianza con Conin
En el corto plazo, el proyecto es poner
en marcha una alianza con la Cooperadora para la Nutrición
Infantil (Conin), que lidera el pediatra Abel Albino, para trabajar
en conjunto en las zonas donde esta institución actúa
desde hace años: Rivadavia y El Algarrobal. A largo plazo,
la idea es establecer alianzas estratégicas con otras organizaciones
provinciales y nacionales.
"La gente no quiere los planes Trabajar
ni Jefes y Jefas de Hogar. Dicen que les quitan la dignidad, la
esperanza y el sentido de lucha por crecer y mejorar en sus vidas",
asegura Pescarmona. Afirma, en cambio, que esta metodología
ayuda a sacar a las personas de la pobreza en la que están
sumergidas y a superar situaciones de violencia enraizadas en estos
panoramas de marginalidad y falta de futuro.
"Lo interesante de este sistema es que,
además, acompaña a la persona durante el desarrollo
de su emprendimiento con apoyo técnico, programas de educación,
de salud, de nutrición, de planificación familiar
y todos aquellos apoyos que contribuyan a asegurar su subsistencia",
dice la presidenta.
Explica que si la cadena de receptores y donantes
no se quiebra, todos salen beneficiados, de modo que para seguir
creciendo se necesita el aporte de fondos. "Esto es muy importante
porque, si no, no se logra la sustentabilidad de la fundación",
concluye.
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