04 de noviembre de 2003
Por Juan Carlos Pugliese
Para LA NACION
 
Una universidad para la Argentina que viene
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Durante décadas fue la Universidad un reservorio de ideas y valores que contribuyeron al fortalecimiento de nuestra sociedad civil. Hoy también resiente las consecuencias de la crisis y trabaja intensamente por recuperar las iniciativas que en el pasado le dieron prestigio y protagonismo sociales. La única garantía de que podemos superar el estancamiento reside en la capacidad para recrear valores que doten de significado a las cosas y una de las instituciones que está mejor preparada para hacerlo es la Universidad.

Comparto la impronta del rector de la UBA: la universidad argentina tiene que repolitizarse y despartidizarse. Tiene que recuperar el gran proyecto político de democratizar la ciencia, la técnica y la cultura poniéndolas en estado de excelencia y al alcance de los más capaces.

Esto supone introducir cambios profundos en la relación entre la universidad, el conocimiento avanzado, el Estado y el sistema político. Algunos de esos cambios ya se insinúan y han comenzado a operarse. Otros deberán ser creativamente diseñados por todos nosotros y deberán ser aprendidos sabiendo tomar lección de la experiencia ajena donde sea que ésta se exprese.

Algunas voces apocalípticas han hecho detalladas descripciones de los males de nuestra educación que, aun cuando la población percibe como ciertas, sigue viendo en ella un bien que le puede generar mejores destinos para sus hijos. Sin embargo, hay pocos diagnósticos que avancen más allá de esa descripción de síntomas y que ahonden en las causas del deterioro que se percibe. Menos frecuentes aún son las propuestas de solución y todavía más escaso el compromiso con acciones concretas encaminadas a buscar y a efectivizar caminos que lleven a las soluciones.

El Gobierno debe cumplir con lo que le corresponde a la Universidad en tiempo y forma, transfiriendo los recursos asignados con el correlato de exigir que la Universidad realice los cambios que la sociedad está demandando.

Datos básicos registran una baja tasa de graduación, plantas docentes con baja dedicación, altas tasas de abandono, superposición de ofertas en las zonas más densamente pobladas, ausencia de planificación, por citar algunos. Los males que nos aquejan se resuelven con la única inversión socialmente redituable que puede hacer una comunidad: la educación (como editorializara LA NACION), la de invertir en capital social y humano, la de preparar a sus futuros ciudadanos que serán quienes, al fin, terminarán de sacar al país de la crisis.

Para ser competitivos hoy debemos conocer cómo producir con métodos modernos, cómo vender adaptando los productos a los mercados, cómo prever los cambios de escenario, como acceder al conocimiento de todo eso y desarrollar una fuerte capacidad de transferencia y aplicación social del conocimiento.

Las universidades han padecido graves problemas presupuestarios, a tono con la crisis argentina. Presupuestos magros congelados, subejecuciones y deuda inundan el panorama de los últimos seis años. Salarios muy bajos, cuasi nominales y escasa inversión en programas de investigación científica completan el cuadro. Es que la Universidad ocupó un papel secundario en la Argentina que queremos dejar atrás. Las universidades son a la sociedad del conocimiento lo que las fábricas fueron a la revolución industrial. Por eso, este gobierno ha puesto a la Ciencia y la tecnología en el centro de los esfuerzos, proponiendo la duplicación del presupuesto 2004 de la Secyt y un aumento del presupuesto universitario por segundo año consecutivo. Simultáneamente ha incrementado las transferencias mensuales que permitirá terminar con la subejecución y pagar la deuda acumulada.

Estos esfuerzos que el país hace deben estar acompañados de las necesarias reformas en las treinta y siete universidades nacionales, que, distribuidas a lo largo y a lo ancho del país, son una poderosa herramienta para motorizar la reactivación de las economías regionales y poner de pie al aparato productivo.

Las políticas diseñadas por el Mecyt, que se están implementando con el concurso de las propias universidades, apuntan a tres objetivos principales: articulación para disminuir la deserción y aumentar la graduación; asegurar niveles de calidad acordes con las necesidades de un país que debe crecer e insertarse en el mundo desarrollando competitividad genuina; pertinencia respecto de las demandas de la sociedad.

Financiar proyectos

El proyecto de presupuesto 2004 en tratamiento en el Congreso canaliza los mayores recursos en contratos programas, como herramienta para promover acciones de fortalecimiento y reformas en las universidades. Deben contener objetivos encuadrados en los lineamientos de política y metas verificables, que permitan realizar un seguimiento de su ejecución y tienen carácter plurianual. Esto dará previsibilidad y fomentará la práctica de la autoevaluación y su consecuente inclusión como una rutina para la gestión de los establecimientos.

Los tres objetivos señalados se concretarán financiando contratos programas sobre:

  • Mejoras en las dedicaciones docentes y al programa de reforma y reestructuración laboral de los trabajadores de las Universidades Nacionales.
  • Incremento del presupuesto destinado a becas de apoyo a los estudiantes económica y socialmente desfavorecidos, sobre todo en carreras críticas.
  • Programas de articulación entre universidades. (De estas acciones están participando hasta ahora doce universidades que implementan ciclos comunes de conocimientos básicos).
  • Articulación con las escuelas secundarias de su área de influencia para facilitar la transición entre los dos ciclos de enseñanza.
  • Cooperación interuniversitaria en el área metropolitana y con la provincia de Buenos Aires y el Gobierno de la Ciudad.
  • Mejoras en equipamiento, bibliografía, acceso a redes, posgrados relevantes para el mejoramiento de la planta docente, en carreras críticas, apoyándose en las evaluaciones y acreditaciones que realiza la Coneau.
  • Formación de personal calificado en áreas de vacancia relevantes para el desarrollo del país.
  • Apoyo a proyectos para vincular y extender las universidades hacia el medio social y productivo.
  • Revitalización de las editoriales universitarias -aprendiendo de los éxitos del pasado- para que produzcan ediciones de calidad y, así, reemplazar la cultura de la fotocopia, que da un soporte efímero al conocimiento adquirido.
  • Promovoción de un observatorio de graduados para conocer las modalidades de inserción laboral y la pertinencia de su formación en relación con las expectativas de los empleadores.

El apoyo a estas iniciativas en el marco de las actuales premuras económicas, sólo será viable en la medida en que la sociedad comprenda que las universidades son herramientas principales para construir la Nación. Cabe recordar las palabras de Sarmiento al inaugurar el Observatorio Astronómico Argentino en Córdoba en 1871:

"Es una cruel ilusión del espíritu creernos y llamarnos pueblos nuevos. Es de vejez que pecamos. Los pueblos modernos son los que resumen en sí todos los progresos que en la ciencia y en las artes ha hecho la humanidad, aplicándolas a la más general satisfacción de las necesidades del mayor número. Lo que necesitamos es, pues, regenerarnos, rejuvenecernos, adquiriendo la mayor suma de conocimiento, y generalizándolos entre nuestros ciudadanos."


El autor es secretario de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

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