Durante
décadas fue la Universidad un reservorio de ideas y valores
que contribuyeron al fortalecimiento de nuestra sociedad civil.
Hoy también resiente las consecuencias de la crisis y trabaja
intensamente por recuperar las iniciativas que en el pasado le dieron
prestigio y protagonismo sociales. La única garantía
de que podemos superar el estancamiento reside en la capacidad para
recrear valores que doten de significado a las cosas y una de las
instituciones que está mejor preparada para hacerlo es la
Universidad.
Comparto la impronta del rector de la UBA: la
universidad argentina tiene que repolitizarse y despartidizarse.
Tiene que recuperar el gran proyecto político de democratizar
la ciencia, la técnica y la cultura poniéndolas en
estado de excelencia y al alcance de los más capaces.
Esto supone introducir cambios profundos en la
relación entre la universidad, el conocimiento avanzado,
el Estado y el sistema político. Algunos de esos cambios
ya se insinúan y han comenzado a operarse. Otros deberán
ser creativamente diseñados por todos nosotros y deberán
ser aprendidos sabiendo tomar lección de la experiencia ajena
donde sea que ésta se exprese.
Algunas voces apocalípticas han hecho
detalladas descripciones de los males de nuestra educación
que, aun cuando la población percibe como ciertas, sigue
viendo en ella un bien que le puede generar mejores destinos para
sus hijos. Sin embargo, hay pocos diagnósticos que avancen
más allá de esa descripción de síntomas
y que ahonden en las causas del deterioro que se percibe. Menos
frecuentes aún son las propuestas de solución y todavía
más escaso el compromiso con acciones concretas encaminadas
a buscar y a efectivizar caminos que lleven a las soluciones.
El Gobierno debe cumplir con lo que le corresponde
a la Universidad en tiempo y forma, transfiriendo los recursos asignados
con el correlato de exigir que la Universidad realice los cambios
que la sociedad está demandando.
Datos básicos registran una baja tasa
de graduación, plantas docentes con baja dedicación,
altas tasas de abandono, superposición de ofertas en las
zonas más densamente pobladas, ausencia de planificación,
por citar algunos. Los males que nos aquejan se resuelven con la
única inversión socialmente redituable que puede hacer
una comunidad: la educación (como editorializara LA NACION),
la de invertir en capital social y humano, la de preparar a sus
futuros ciudadanos que serán quienes, al fin, terminarán
de sacar al país de la crisis.
Para ser competitivos hoy debemos conocer cómo
producir con métodos modernos, cómo vender adaptando
los productos a los mercados, cómo prever los cambios de
escenario, como acceder al conocimiento de todo eso y desarrollar
una fuerte capacidad de transferencia y aplicación social
del conocimiento.
Las universidades han padecido graves problemas
presupuestarios, a tono con la crisis argentina. Presupuestos magros
congelados, subejecuciones y deuda inundan el panorama de los últimos
seis años. Salarios muy bajos, cuasi nominales y escasa inversión
en programas de investigación científica completan
el cuadro. Es que la Universidad ocupó un papel secundario
en la Argentina que queremos dejar atrás. Las universidades
son a la sociedad del conocimiento lo que las fábricas fueron
a la revolución industrial. Por eso, este gobierno ha puesto
a la Ciencia y la tecnología en el centro de los esfuerzos,
proponiendo la duplicación del presupuesto 2004 de la Secyt
y un aumento del presupuesto universitario por segundo año
consecutivo. Simultáneamente ha incrementado las transferencias
mensuales que permitirá terminar con la subejecución
y pagar la deuda acumulada.
Estos esfuerzos que el país hace deben
estar acompañados de las necesarias reformas en las treinta
y siete universidades nacionales, que, distribuidas a lo largo y
a lo ancho del país, son una poderosa herramienta para motorizar
la reactivación de las economías regionales y poner
de pie al aparato productivo. |
Las políticas
diseñadas por el Mecyt, que se están implementando
con el concurso de las propias universidades, apuntan a tres objetivos
principales: articulación para disminuir la deserción
y aumentar la graduación; asegurar niveles de calidad acordes
con las necesidades de un país que debe crecer e insertarse
en el mundo desarrollando competitividad genuina; pertinencia respecto
de las demandas de la sociedad.
Financiar proyectos
El proyecto de presupuesto 2004 en tratamiento
en el Congreso canaliza los mayores recursos en contratos programas,
como herramienta para promover acciones de fortalecimiento y reformas
en las universidades. Deben contener objetivos encuadrados en los
lineamientos de política y metas verificables, que permitan
realizar un seguimiento de su ejecución y tienen carácter
plurianual. Esto dará previsibilidad y fomentará la
práctica de la autoevaluación y su consecuente inclusión
como una rutina para la gestión de los establecimientos.
Los tres objetivos señalados se concretarán
financiando contratos programas sobre:
- Mejoras en las dedicaciones docentes
y al programa de reforma y reestructuración laboral de
los trabajadores de las Universidades Nacionales.
- Incremento del presupuesto destinado a becas
de apoyo a los estudiantes económica y socialmente desfavorecidos,
sobre todo en carreras críticas.
- Programas de articulación entre universidades.
(De estas acciones están participando hasta ahora doce
universidades que implementan ciclos comunes de conocimientos
básicos).
- Articulación con las escuelas secundarias
de su área de influencia para facilitar la transición
entre los dos ciclos de enseñanza.
- Cooperación interuniversitaria en
el área metropolitana y con la provincia de Buenos Aires
y el Gobierno de la Ciudad.
- Mejoras en equipamiento, bibliografía,
acceso a redes, posgrados relevantes para el mejoramiento de la
planta docente, en carreras críticas, apoyándose
en las evaluaciones y acreditaciones que realiza la Coneau.
- Formación de personal calificado en
áreas de vacancia relevantes para el desarrollo del país.
- Apoyo a proyectos para vincular y extender
las universidades hacia el medio social y productivo.
- Revitalización de las editoriales universitarias
-aprendiendo de los éxitos del pasado- para que produzcan
ediciones de calidad y, así, reemplazar la cultura de la
fotocopia, que da un soporte efímero al conocimiento adquirido.
- Promovoción de un observatorio de
graduados para conocer las modalidades de inserción laboral
y la pertinencia de su formación en relación con
las expectativas de los empleadores.
El apoyo a estas iniciativas en el marco de las
actuales premuras económicas, sólo será viable
en la medida en que la sociedad comprenda que las universidades
son herramientas principales para construir la Nación. Cabe
recordar las palabras de Sarmiento al inaugurar el Observatorio
Astronómico Argentino en Córdoba en 1871:
"Es una cruel ilusión del espíritu
creernos y llamarnos pueblos nuevos. Es de vejez que pecamos. Los
pueblos modernos son los que resumen en sí todos los progresos
que en la ciencia y en las artes ha hecho la humanidad, aplicándolas
a la más general satisfacción de las necesidades del
mayor número. Lo que necesitamos es, pues, regenerarnos,
rejuvenecernos, adquiriendo la mayor suma de conocimiento, y generalizándolos
entre nuestros ciudadanos."
El autor es secretario de Políticas Universitarias del Ministerio
de Educación, Ciencia y Tecnología.
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