"Hasta
hace pocas décadas, todos creíamos que el mundo era
un lugar donde se iba acumulando progreso. Cada generación
vivía mejor que la anterior. Ahora ya no es así. Se
está destruyendo una forma de entender las cosas, pero todavía
no se ha construido una cosa nueva. Y no podemos definirla porque
no sabemos hacia dónde vamos."
El reconocido periodista español Joaquín Estefanía
-a quien pertenece la reflexión que antecede- pasó
por Buenos Aires invitado por el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) para hablar sobre "Los retos de la
nueva economía". Estefanía -que dirigió
El País, de Madrid, entre 1988 y 1993, y es hoy director
de Opinión de ese diario- presentó en la Argentina
su reciente libro "Hij@ ¿qué es la globalización?"
(Aguilar), en el que procura dar respuesta a 22 interrogantes, de
cara a los jóvenes globalifóbicos.
Con una hija de 23 años, es decir, en edad globalifóbica,
el editor rescata el valor de la contracultura de este movimiento,
que, según dice, promueve ampliar "una globalización
que nació mutilada".
-Si el mundo ya no es un lugar seguro para caminar hacia el progreso,
¿hacia dónde cree que va?
-No lo sé, no lo sé. Lo que sí es seguro es
que caminamos hacia lo desconocido. Hace unos días, en una
reunión que mantuve aquí con editores y cuadros de
los principales periódicos, hablábamos sobre la transición
española y un editor dijo algo que me conmovió. "En
estos momentos, en la Argentina estamos haciendo una transición
de una democracia hacia no sabemos dónde", reflexionó.
-Es la realidad mundial, ¿no?
-Es así, en la Argentina y en todas partes. Hay vectores
de valores luchando en distintas direcciones y aún no sabemos
cuál va a ser el dominante en la primera mitad del siglo
XXI.
-¿Y de qué modo eso diseña
la realidad actual?
-Me surgen conceptos como fragmentación, fragilidad, laboratorio,
unilateralismo, desconcierto, incertidumbre, profundidad. Aún
no hemos teorizado al respecto y no sabemos qué tenemos por
delante. Estamos en transición en el mundo entero.
-Sostiene usted que se han perfeccionado los sistemas de manipulación
de conciencias y opiniones. ¿Le atribuye responsabilidad
a los medios en ese proceso?
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-Por supuesto. Soy
bastante pesimista en cuanto al papel de la prensa y de los periodistas
en los últimos tiempos. Tenemos dos problemas: la autocensura
y el amarillismo, porque la prensa ha copiado a los medios audiovisuales.
Aunque esto es secundario. En el primer caso, en todas partes los
periodistas nos volvimos muy temerosos de los intereses de nuestras
empresas, de los intereses políticos y económicos
existentes en relación. Esto crea un problema de opacidad.
Hay muchos casos en que no se sabe quiénes son los propietarios
auténticos de los medios. Con excepción de unos pocos
casos, las empresas de comunicación están en manos
de sectores industriales que entran en los medios por intereses
a veces espurios. Aunque algunas otras sean sinceros. Estoy muy
preocupado por esto. Creo que estamos retrocediendo.
-¿Qué debe distinguir a un buen periodista?
-Además de ser técnicamente bueno, tiene que tener
conocimientos y recuperar los valores. Un buen periodista tiene
que gozar de sentido común, honestidad y salud.
-De cara a una guerra contra Irak de consecuencias imprevisibles,
¿quiénes son los villanos, los héroes y los
rebeldes?
-En estos días, en la administración Bush se ha empezado
a tomar conciencia de los peligros de esta globalización,
que ya no son los que se atribuían al movimiento antiglobalizador.
Tiene que ver con hechos nuevos. Por ejemplo, que países
o grupos pequeños puedan poseer armas de destrucción
masiva, a través del desarrollo de tecnología sofisticada.
Ellos serían los nuevos villanos. Pero también a través
de esas tecnologías se pueden crear movilizaciones espectaculares
contra la guerra. El nuevo héroe es la opinión pública
mundial. La paradoja hoy es que la administración Bush no
tiene para nada controlada la globalización. Los rebeldes
serían los países que en el Consejo de Seguridad se
oponen a favorecer la guerra.
-¿Cómo afecta a la democracia participativa "la
existencia de hombres que se creen dioses y que hacen del dinero
una religión universal", como diría Margarita
Riviére?
-La primera consecuencia es una falta de calidad de la democracia.
Cada vez decide más cosas que afecta a los ciudadanos de
los países gente a la que no hemos elegido, que no tiene
rostro y que es anónima. La democracia se está vaciando
de contenidos y esa pérdida de calidad es lo que más
está incidiendo en el mundo. |