Por Marcelo A. Moreno.
LA CLARIN
Miércoles 17 de diciembre de 2003
 
Sorpresas del argentino políticamente inocente
Cambiar el color de Fondo para su mejor lectura

Lo bueno de los argentinos es que vivimos desayunándonos. Ahora, con la presunta corrupción en el Senado. ¿Pero cómo ahora? ¿No era que lo sabíamos desde antes? ¿No había reconocido ya Cantarero en una célebre entrevista que había cobrado? ¿Lo de la Banelco lo inauguró el arrepentido Pontaquarto o era público y notorio en el 2000? ¿Cafiero no lo denunció entonces con énfasis y el vicepresidente renunció por eso?

No. Pareciera que se nos olvidó. Y ahora andamos medio boquiabiertos, papando moscas y anoticiándonos de lo que conocemos. La pregunta sería: ¿Somos tarados o únicamente lo parecemos?

Expertos incesantes en el arte de descubrir la pólvora, hoy nos atrevemos a pensar que en De la Rúa hay mucho más de atrevido (en el peor de los sentidos) que de aburrido o pavo, como insistíamos en creer.

Si seguimos así vamos a terminar descubriendo que hay concentraciones a las que a la gente se la lleva como a ovejas, a cambio de una coca y un pancho o que a los más pobres —que son tantos— los votos se los compran punteros de barrio con promesas de ayuda social. O, incluso, que en una de ésas hay gobernadores que se eternizan en sus cargos, no porque desparramen progreso en sus alicaídas provincias sino porque utilizan un aparato político —más vecino a la asociación ilícita que a un partido— disciplinador del voto. Descubrimos el clientelismo, bah.

Entonces seguramente, sofocados por la más santa indignación, arribaremos a alguna consigna extralúcida como: "¡Que se vayan todos!", que al culpabilizar al conjunto, disculpa a los culpables y así no se va ni uno.

Esta manera de vivir, de asombro en asombro, a salto de mata, nos lleva a hacer como los locos, que empiezan cada día. Todo es nuevo para nuestra eterna, indescifrable inocencia, lo que no es obstáculo para seguir creeyéndonos los más piolas entre los cancheros.

Quizás entre la multitud de sorpresas que se abate sobre nosotros tengamos reflejos para avivarnos de que, muy claramente, hay instaladas en la Argentina dos formas muy pero muy distintas de abordar la política. Una sería la línea —para tomar como ejemplo la mitológica provincia de Buenos Aires— Rosas-Barceló-Mercante-Calabró. De la otra sabemos menos, porque es embrionaria y pugna por transparentar lo que la tradicional opaca.

Nada hace prever que el clientelismo —nacido en Roma y vivito y coleando en Italia— venga a morir en un país cercano al fin o a otra cosa del mundo, como se terminó en ciertas sociedades de avanzada. Pero para cobijar un resquicio de esperanza habrá que cambiar, al menos y definitivamente, asombro por experiencia

Politica
Ver mas notas....