Es por
la plata, pero en la esperanza se le ve la hilacha. Es por la plata,
y eso no lo hace un ingenuo ni un creyente, o un poquito; bueno,
un poquito sí. Pero agarra su programa de correo electrónico
y pega toda su libreta de direcciones en el lugar para los destinatarios.
Es por la plata que le prometen a los que sigan esa cadena que amenaza
con desgracias si no se hacen 5 copias, que dice algo concreto y,
quizá por eso, más increíble: "Por favor
no tome esto por una carta basura. Bill Gates está compartiendo
su fortuna. Si usted ignora esto, se arrepentirá después".
Si él no estuviera tan seco, si la inflación no hubiera
desinflado su sueldo fijo, cada gesto de seducción de quien
redactó esa carta lo habría alejado más. Después
de todo él es inteligente, también es intelectual,
es bastante inteligente pero está un poco aburrido. Por si
sirve de algo, en fin, pega y distribuye el mensaje: "Por cada
persona a la que usted remita este e-mail Microsoft le pagará
$ 245, por cada persona que reenvíe el mensaje que usted
le envió, Microsoft le pagará $ 243 y por cada tercera
persona que lo reciba, a usted se le pagará $ 241.
En dos semanas, Microsoft se pondrá en
contacto con usted para pedirle su dirección y entonces le
enviará un cheque".
Sabe, cómo no va a saber, que esto no es serio. Alguien le
explicó que era una estrategia para conseguir direcciones
de correo electrónico, a las que luego se les manda publicidad. |
No puede ser serio
algo que termina diciendo: "Yo penséque éste
era un engaño, pero dos semanas después de recibir
este e-mail y remitirlo, Microsoft se puso en contacto conmigo y
en unos días recibí un cheque por $ 24.800".
Igual lo manda. ¿Es muy diferente de tirar
moneditas en una fuente?
El es irónico, nunca se creyó nada,
tiene en la cara el tajo de los que crecieron con la dictadura.
Llegó tarde a la depresión de Sui Generis —"solamente
muero los domingos y los lunes ya me siento bien"— y
arañó justito las nuevas enseñanzas de Charly,
en los 90: una nueva religión, un símbolo de paz,
un sueño en el placard. Escuchó bien —y era
chiquito— eso de que "nos divertimos en primavera y en
invierno nos queremos morir: la fiesta y su final eran una sola
cosa".
No es un militante, no es ecologista, no anda
pidiendo buena onda, ahora que promedia los treinta. Usa anteojos
cuadrados y no le va nada que le suene light. Pero a veces hacen
falta unos mangos, Bill Gates proveerá. |