05 de Noviembre del 2003
Clarin.com
Marcelo A. Moreno

Los piqueteros y las máscaras del miedo
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Una de las cosas que menos les gustan de los piqueteros a aquellos que padecen las acciones de los piqueteros es que muchos vayan con las caras tapadas. "¿Por qué no dan la cara?", suele vociferar el automovilista atrapado en una infernal galleta. "¿Qué tienen que esconder?"

Digamos que, en general, los piqueteros no han resultado especialmente exitosos en el mensaje que le quieren dar a la sociedad. Una encuesta de Clarín.Com refiere que el 61,1% de los que respondieron vía electrónica opina que el Gobierno debe reprimirlos. Un 33% cree que lo mejor sería negociar con ellos. Y a un escaso 5,9% le parece que las autoridades deberían conformarlos. Es lícito conjeturar que los 15.408 votos cosechados vía e-mail corresponden a sectores económicos desahogados. Los mismos que se contactan con los piqueteros sólo a través de las molestias que sus protestas les ocasionan.

En un país que ha sufrido y sufre la tragedia mayor de las desapariciones parece ocioso preguntarse sobre las razones de los que se manifiestan contra el orden instituido para ocultar su identidad. Fue con las fotos y filmaciones de los que manifestaban en los años 70 con lo que los represores identificaron a los futuros desaparecidos. Esos retratos sirvieron para ubicar y capturar a quienes fueron torturados y masacrados y después privados, precisamente, de su identidad.

La palabra persona viene de un término en latín que designaba la máscara del actor, el personaje teatral. Con lo cual se puede pensar que se nombraba así más una función, un papel social, que a un individuo determinado. Quizá, además de protegerse, los piqueteros quieran evidenciar que sus reclamos no son los de un grupo en particular sino de un amplio sector social, tan numeroso como anónimo. Que es la respuesta a un fenómeno perverso que ha sembrado el hambre y la miseria y terminado con mucho de lo que fue la misma identidad argentina: cierta holgura en lo esencial, una clase media extendida, educación para todos, movilidad social, distintiva y distinguida producción cultural.

Es cierto, igual, que los piqueteros, enmascarados y armados con palos, intimidan y no son inocentes al irrumpir así, desbarrancando el tránsito en medio de la ciudad. Por eso es bien comprensible la genuina bronca que generan.

Lo que a veces no se entiende es esa especie de odio que parece aflorar contra gente que recibe una limosna mensual de 150 pesos. "Bienaventurados los pobres porque vuestro es el Reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados". No lo afirmó Lenin. Lucas asegura que lo dijo Jesús, que proclamaba una religión del amor hace unos dos mil años.

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