| Una
de las cosas que menos les gustan de los piqueteros a aquellos que
padecen las acciones de los piqueteros es que muchos vayan con las
caras tapadas. "¿Por qué no dan la cara?",
suele vociferar el automovilista atrapado en una infernal galleta.
"¿Qué tienen que esconder?" Digamos
que, en general, los piqueteros no han resultado especialmente exitosos
en el mensaje que le quieren dar a la sociedad. Una encuesta de
Clarín.Com refiere que el 61,1% de los que respondieron vía
electrónica opina que el Gobierno debe reprimirlos. Un 33%
cree que lo mejor sería negociar con ellos. Y a un escaso
5,9% le parece que las autoridades deberían conformarlos.
Es lícito conjeturar que los 15.408 votos cosechados vía
e-mail corresponden a sectores económicos desahogados. Los
mismos que se contactan con los piqueteros sólo a través
de las molestias que sus protestas les ocasionan.
En un país que ha sufrido y sufre la tragedia
mayor de las desapariciones parece ocioso preguntarse sobre las
razones de los que se manifiestan contra el orden instituido para
ocultar su identidad. Fue con las fotos y filmaciones de los que
manifestaban en los años 70 con lo que los represores identificaron
a los futuros desaparecidos. Esos retratos sirvieron para ubicar
y capturar a quienes fueron torturados y masacrados y después
privados, precisamente, de su identidad.
La palabra persona viene de un término
en latín que designaba la máscara del actor, el personaje
teatral. Con lo cual se puede pensar que se nombraba así
más una función, un papel social, que a un individuo
determinado. Quizá, además de protegerse, los piqueteros
quieran evidenciar que sus reclamos no son los de un grupo en particular
sino de un amplio sector social, tan numeroso como anónimo.
Que es la respuesta a un fenómeno perverso que ha sembrado
el hambre y la miseria y terminado con mucho de lo que fue la misma
identidad argentina: cierta holgura en lo esencial, una clase media
extendida, educación para todos, movilidad social, distintiva
y distinguida producción cultural.
Es cierto, igual, que los piqueteros, enmascarados
y armados con palos, intimidan y no son inocentes al irrumpir así,
desbarrancando el tránsito en medio de la ciudad. Por eso
es bien comprensible la genuina bronca que generan.
Lo que a veces no se entiende es esa especie
de odio que parece aflorar contra gente que recibe una limosna mensual
de 150 pesos. "Bienaventurados los pobres porque vuestro es
el Reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque
serán saciados". No lo afirmó Lenin. Lucas asegura
que lo dijo Jesús, que proclamaba una religión del
amor hace unos dos mil años.
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