Por Marta García Terán
De la redacción de La Nacion
 
 
CLASE MEDIA EL TRAUMA DE PERDER EL BIENESTAR
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La pobreza en la Argentina, Como nunca antes, los sectores medios de la sociedad están sintiendo los efectos de la crisis económica

Desde octubre último se registran 5,2 millones de nuevos pobres en el país; mecanismos para afrontar la cuesta abajo
El grueso de la pérdida de ocupación se concentra hoy en los sectores más modernos de la economía
Destrucción de empleos, devaluación e inflación, un cóctel determinante
Resistencia a ciertos cambios de hábitos

Ajustarse el cinturón. Esa imagen que tan bien supo ilustrar a la clase media no define hoy la situación por la que atraviesa gran parte de ella. La virulencia con que la crisis la golpeó hizo que emergiera un nuevo sector social que intenta, en su caída, construir una nueva identidad en este choque de haber sido –o haber podido ser– y ser en realidad.
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No puede hablarse de la clase media como una sola. Ya nada tiene que ver con esa homogeneidad que la caracterizó en los años sesenta y setenta, según Agustín Salvia, doctor en Ciencias Sociales, investigador del Instituto Gino Germani de la UBA, del Conicet y del Departamento de Investigación de la UCA.

Pero sí hay algo que los grupos que la conforman tienen en común. Todos van cuesta abajo. A diferencia de otras crisis, los sectores más altos de la clase media fueron sacudidos violentamente.

En una suerte de ranking de la caída de los ingresos familiares durante el último año, el primer puesto es para el 20 por ciento más pobre de la población, como podría esperarse. Pero lo llamativo es que el segundo lugar está ocupado por los sectores más altos de la clase media. Ellos son los que más ingresos han perdido, en la opinión de Ernesto Kritz, economista y socio director de la Sociedad de Estudios Laborales.

“En este período, el grueso de la pérdida de ocupación se concentra en los sectores más modernos de la economía, en los empleos formales. Esto no ocurrió durante la primera crisis de desempleo (1994-1995) –dijo Kritz–. En el último año, las dos terceras partes de los que trabajaban en empresas privadas perdieron sus empleos, lo que tuvo una incidencia directa.”

Además de la destrucción de empleos, agregó, hubo mayores ajustes en los sueldos. Esto hizo difícil que se pudieran negociar reacomodamientos salariales frente al aumento de precios producto de la devaluación. Así se produjo una baja mayor en términos reales.

Nuevos pobres:
Si la pérdida de empleo, la pesificación y la inflación que vino de su mano afectaron de esa forma a los sectores mejor armados para enfrentar la crisis, no es difícil imaginar qué fue de aquellos que casi no tenían defensas para capearla.

El resultado de esa lucha fueron 5,2 millones de nuevos pobres desde octubre del año pasado hasta mayo último. O, para decirlo de otra forma, 5,2 millones de personas que a gatas podían mantenerse en la clase media cayeron sin más por debajo de la línea de pobreza, según la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Que el nivel de sus ingresos lo coloque en una situación de pobreza no implica que cuadren con el concepto tradicional de pobre. Siguen manteniendo parte de su stock de bienes y constituyen un nuevo sector social que todavía mantiene expectativas, hábitos y memoria de haber sido de clase media, dice Agustín Salvia .

El empobrecimiento de sectores que tuvieron bienestar es mucho más traumático que el de aquellos que no lo conocieron. Lo que más afecta es la pendiente. Asustan la magnitud y la velocidad de la caída.
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“Los sectores pobres más estructurales construyen con la pobreza una forma de subsistencia. Se sienten víctimas de la falta de trabajo o del interés público, pero la situación es aceptada como dada y esperan la oportunidad para mejorar. Las familias de clase media empobrecida, en cambio, viven el problema como una injusticia, una estafa o un daño deliberado e intentan construir con ello una nueva forma de ciudadanía”, dijo Salvia.
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Bien lo sabe el rabino Daniel Goldman, a cargo de la comunidad Bet El, que, en Belgrano, ayuda a más de 200 familias, la mayoría de sectores medios empobrecidos. “Tenemos un comedor al que vienen 150 familias, pero de golpe nos encontramos con gente a la que le daba vergüenza que la vieran en un comedor –contó el rabino–. Instrumentamos un sistema de viandas y les llevamos la comida a la casa para que no se sientan incómodos. Además, entregamos bolsas de alimentos. Viene gente bien vestida, pero que no tiene para comprar el jabón para lavar la ropa.”
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Anécdotas tiene miles. Todas dolorosas. Pero hay una que impresiona. Goldman cuenta que hace poco un señor se encontró en el comedor con su antiguo jefe, dueño de una empresa de la que fue despedido. Hoy los dos están en la misma situación.
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“Hay una interrupción. No funcionan los atributos fundamentales para la movilidad social, como la educación y el empleo”, dijo la socióloga Irene Novacovsky, consultora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la organización Save The Children (Salven a los Chicos).
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Salvaguardar la educación
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Pese a ello, las clases medias siguen haciendo lo imposible para salvaguardar la educación. “La gente hace grandes esfuerzos, casi en el límite, para que los chicos puedan seguir asistiendo a los colegios que les den respuestas a sus expectativas. No hay muchos cambios de instituciones privadas a públicas. Lo que sí se ve son traspasos de colegios privados a otros, privados también, pero más baratos”, dijo Juan Odriozola, director de Institutos de Enseñanza de Gestión Privada (Iegep) de Buenos Aires.
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A los colegios subvencionados por el Estado, el Iegep les pedía históricamente que garantizaran becas para un 10% de los chicos que asisten. Hoy, los becados están en un promedio de un 22 por ciento.
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El acceso a la salud fue uno de los golpes que más sintió la clase media. Hoy, según el Indec, el 75% de los argentinos no tiene obra social.
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Por Marta García Terán
De la Redacción de LA NACION