Ajustarse
el cinturón. Esa imagen que tan bien supo ilustrar a la clase
media no define hoy la situación por la que atraviesa gran
parte de ella. La virulencia con que la crisis la golpeó
hizo que emergiera un nuevo sector social que intenta, en su caída,
construir una nueva identidad en este choque de haber sido –o
haber podido ser– y ser en realidad.
.
No puede hablarse de la clase media como una sola. Ya nada tiene
que ver con esa homogeneidad que la caracterizó en los años
sesenta y setenta, según Agustín Salvia, doctor en
Ciencias Sociales, investigador del Instituto Gino Germani de la
UBA, del Conicet y del Departamento de Investigación de la
UCA.
Pero sí hay algo que los grupos que la conforman tienen en
común. Todos van cuesta abajo. A diferencia de otras crisis,
los sectores más altos de la clase media fueron sacudidos
violentamente.
En una suerte de ranking de la caída de los ingresos familiares
durante el último año, el primer puesto es para el
20 por ciento más pobre de la población, como podría
esperarse. Pero lo llamativo es que el segundo lugar está
ocupado por los sectores más altos de la clase media. Ellos
son los que más ingresos han perdido, en la opinión
de Ernesto Kritz, economista y socio director de la Sociedad de
Estudios Laborales.
“En este período, el grueso de la pérdida de
ocupación se concentra en los sectores más modernos
de la economía, en los empleos formales. Esto no ocurrió
durante la primera crisis de desempleo (1994-1995) –dijo Kritz–.
En el último año, las dos terceras partes de los que
trabajaban en empresas privadas perdieron sus empleos, lo que tuvo
una incidencia directa.”
Además de la destrucción de empleos, agregó,
hubo mayores ajustes en los sueldos. Esto hizo difícil que
se pudieran negociar reacomodamientos salariales frente al aumento
de precios producto de la devaluación. Así se produjo
una baja mayor en términos reales.
Nuevos pobres:
Si la pérdida de empleo, la pesificación y la inflación
que vino de su mano afectaron de esa forma a los sectores mejor
armados para enfrentar la crisis, no es difícil imaginar
qué fue de aquellos que casi no tenían defensas para
capearla.
El resultado de esa lucha fueron 5,2 millones de nuevos pobres desde
octubre del año pasado hasta mayo último. O, para
decirlo de otra forma, 5,2 millones de personas que a gatas podían
mantenerse en la clase media cayeron sin más por debajo de
la línea de pobreza, según la última Encuesta
Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadística
y Censos (Indec).
Que el nivel de sus ingresos lo coloque en una situación
de pobreza no implica que cuadren con el concepto tradicional de
pobre. Siguen manteniendo parte de su stock de bienes y constituyen
un nuevo sector social que todavía mantiene expectativas,
hábitos y memoria de haber sido de clase media, dice Agustín
Salvia . |
El empobrecimiento de
sectores que tuvieron bienestar es mucho más traumático
que el de aquellos que no lo conocieron. Lo que más afecta
es la pendiente. Asustan la magnitud y la velocidad de la caída.
. “Los sectores pobres más estructurales construyen
con la pobreza una forma de subsistencia. Se sienten víctimas
de la falta de trabajo o del interés público, pero la
situación es aceptada como dada y esperan la oportunidad para
mejorar. Las familias de clase media empobrecida, en cambio, viven
el problema como una injusticia, una estafa o un daño deliberado
e intentan construir con ello una nueva forma de ciudadanía”,
dijo Salvia.
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Bien lo sabe el rabino Daniel Goldman, a cargo de la comunidad Bet
El, que, en Belgrano, ayuda a más de 200 familias, la mayoría
de sectores medios empobrecidos. “Tenemos un comedor al que
vienen 150 familias, pero de golpe nos encontramos con gente a la
que le daba vergüenza que la vieran en un comedor –contó
el rabino–. Instrumentamos un sistema de viandas y les llevamos
la comida a la casa para que no se sientan incómodos. Además,
entregamos bolsas de alimentos. Viene gente bien vestida, pero que
no tiene para comprar el jabón para lavar la ropa.”
.
Anécdotas tiene miles. Todas dolorosas. Pero hay una que impresiona.
Goldman cuenta que hace poco un señor se encontró en
el comedor con su antiguo jefe, dueño de una empresa de la
que fue despedido. Hoy los dos están en la misma situación.
. “Hay una interrupción.
No funcionan los atributos fundamentales para la movilidad social,
como la educación y el empleo”, dijo la socióloga
Irene Novacovsky, consultora del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) y de la organización Save The Children (Salven a los
Chicos).
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Salvaguardar la educación
.
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Pese a ello, las clases medias siguen haciendo lo imposible para salvaguardar
la educación. “La gente hace grandes esfuerzos, casi
en el límite, para que los chicos puedan seguir asistiendo
a los colegios que les den respuestas a sus expectativas. No hay muchos
cambios de instituciones privadas a públicas. Lo que sí
se ve son traspasos de colegios privados a otros, privados también,
pero más baratos”, dijo Juan Odriozola, director de Institutos
de Enseñanza de Gestión Privada (Iegep) de Buenos Aires.
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A los colegios subvencionados por el Estado, el Iegep les pedía
históricamente que garantizaran becas para un 10% de los chicos
que asisten. Hoy, los becados están en un promedio de un 22
por ciento.
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El acceso a la salud fue uno de los golpes que más sintió
la clase media. Hoy, según el Indec, el 75% de los argentinos
no tiene obra social.
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Por Marta García Terán
De la Redacción de LA NACION |