La Organización Mundial de Comercio (OMC) ha elaborado un
proyecto que ha generado críticas en varios países
de Latinoamérica porque su concreción implicaría
una virtual mercantilización de la educación superior.
El aludido documento propone liberalizar el sistema universitario
para ampliar el campo de la educación privada facilitando
el ingreso de universidades extranjeras. La idea se remonta a 1998,
cuando se planteó por primera vez que se incorporara la enseñanza
universitaria al Acuerdo General de Comercio y Servicios, que propicia
la liberalización progresiva de los servicios.
El argumento central es que si un país admite universidades
privadas significa que acepta el principio de que la educación
es una mercancía y por ende puede ser desregulada. De este
modo, una universidad extranjera podría instalarse en el
país sin pasar por evaluación previa, con planes de
estudios sin control, y con la facultad de cerrar cuando dejara
de ser un negocio.
Si se considera que es un bien público estratégico
para el país, como lo ha afirmado el ministro de Educación,
va de suyo que es el Estado el que debe orientar y supervisar la
forma en que se imparte. Esto no implica que no puedan existir instituciones
privadas, sino que éstas deben atenerse a normativas generales
que regulan el bien común.
Es una cuestión de valores: quien recibe educación
no puede ser considerado un mero consumidor, pues así se
estaría dejando de lado su identidad histórica y cultural.
Peor aún, como sociedad se estaría renunciando a algo
tan esencial como formar ciudadanos y orientar la educación
terciaria en función de un proyecto propio de país.
Un proyecto de la OMC propone la desregulación y apertura
al exterior de los sistemas universitarios, lo cual reduciría
la capacidad de las naciones para orientar y supervisar su educación
terciaria.
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