21 de Agosto de 2003
Por Maureen Dowd
De The New York Times

 
La Casa Blanca creó el monstruo... y ahora lo debe combatir
Cambiar el color de Fondo para su mejor lectura

WASHINGTON.- El gobierno de Bush ha creado ahora el mismísimo monstruo que conjuró para alarmar a los norteamericanos y lograr su apoyo a una guerra contra Irak.

Precipitándose para vapulear a Irak después del 11 de septiembre de 2001, los funcionarios de Bush urdieron contactos entre Saddam Hussein y Al-Qaeda. Y lo hicieron sonar como si combatientes islámicos resueltos a librar una Jihad (guerra santa) contra Estados Unidos estuvieran encaminándose a Bagdad para unir fuerzas con los iraquíes asesinos.

En ese momento había poca evidencia al respecto, pero ahora se han convertido en una realidad. Desde que los Estados Unidos iniciaron su ocupación, Irak se ha convertido en la meca de todo extremista árabe que quiere liberar a Medio Oriente de la garra "saqueadora" de los infieles.

"Son cada vez más los extremistas islámicos de Arabia Saudita que ingresan en Irak, aprestándose para una jihad contra las fuerzas norteamericanas y británicas, según advirtieron fuentes islámicas y de seguridad", informó anteayer el diario The Financial Times, citando a un disidente saudita que además destacó que las autoridades sauditas están preocupadas porque unos 3000 sauditas han "desaparecido" del reino en los últimos dos meses".

Una de las cosas que los terroristas hicieron volar en pedazos anteayer en Bagdad y Jerusalén fue la credibilidad de la excesivamente optimista versión de Bush acerca de lo que está sucediendo en Medio Oriente.

El optimismo del gobierno norteamericano quedó revelado como una fantasía cuando los dos esfuerzos más caros a sus intenciones -la reconstrucción y democratización de Irak, y la promoción del proceso de paz palestino-israelí- se hicieron humo anteayer, literalmente.

Antes de la guerra en Irak, el equipo de Bush exageró el tono respecto de las amenazas contra los Estados Unidos; desde la guerra, moderó el tono respecto de las amenazas contra los Estados Unidos.

Sin embargo, en otro manipulado informe del gobierno sobre Irak, la Casa Blanca hizo una lista de las 100 cosas que van de maravillas en los 100 días que hemos estado en escena.

El informe abundó en tecnicismos sobre "las 10 señales de una mejor infraestructura", días antes de que un oleoducto y un acueducto fueran destruidos por explosiones.

"La mayor parte de Irak está en calma, y continúa el tránsito hacia la democracia y la libertad, jamás vistas en décadas. Sólo en zonas aisladas todavía se registran atentados", expresó el informe.

Hasta los colaboradores de Bush, que tienden a decir, ante problemas extremadamente severos, que está todo bien, fueron sacudidos por la masacre de anteayer en Bagdad, que dejó ver una terrible verdad: sólo porque hayamos

atrapado a Uday y a Qusay, los militantes iraquíes no van a dejar de reventar occidentales.

Aun cuando atrapemos a Saddam, la resistencia no cejará.

La guerra de guerrillas

"La dinámica realmente ha cambiado", afirmó un funcionario del gobierno que forma parte de la comisión de reconstrucción. "Ahora -añadió- debemos afrontar una guerra de guerrillas y no el terrorismo."

Osama ben Laden se inspiró para atacarnos en su odio a la presencia militar norteamericana en Arabia Saudita. Ahora los fanáticos extranjeros oriundos de Arabia Saudita, Egipto y Siria, enfurecidos por la presencia militar norteamericana en Irak y en Afganistán, cruzan las fronteras iraquíes para ayudar a las fuerzas leales a Saddam.

A los funcionarios de Bush, que antes de la guerra también sobreactuaron dramáticamente respecto de la conexión entre Saddam y los militantes del grupo Ansar al-Islam en el norte de Irak, ahora los asusta como si fueran fantasmas los cientos de combatientes que regresan de Irán para atacar a los norteamericanos.

Los militantes fundamentalistas de Al-Qaeda y Ansar al-Islam, junto con veteranos combatientes y nuevos reclutas extranjeros que responden al Partido Baath, se proponen mantener a Irak sumida en la anarquía, incluso a medida que Afganistán vuelve a deslizarse hacia el caos.

Las fichas del dominó democrático no caen tan fácilmente como Paul Wolfowitz y otros neoconservadores habían pronosticado.

Es difícil creer que se trata de un puñado de "temerarios que pelean hasta el fin", como expresó el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Es difícil creer que le será fácil a Estados Unidos controlar las calles. Es difícil creer que la ocupación no va a durar un largo tiempo. Es difícil creer que las instituciones liberales puedan florecer donde la seguridad vital es una lejana ilusión.

Especialistas de las Naciones Unidas han estado diciendo que sólo tenemos la mitad de las tropas que necesitamos para sojuzgar a Irak, y el senador John McCain y otros coincidieron en que necesitamos más refuerzos.

Los países que podrían servirnos de ayuda enviando más tropas no harán eso a menos que la administración de la nación iraquí sea transferida a las Naciones Unidas. Y Rumsfeld y Cia., siempre doctrinarios, no quieren ceder Irak a esos pusilánimes con cascos azules.

De manera que, ¿en dónde estamos? No podemos irnos ni tampoco permanecer para siempre. Simplemente, tendremos que aguantar y pelear.

INTERNACIONALES
Ver mas notas...