WASHINGTON.-
El gobierno de Bush ha creado ahora el mismísimo monstruo
que conjuró para alarmar a los norteamericanos y lograr su
apoyo a una guerra contra Irak.
Precipitándose para vapulear a Irak después del 11
de septiembre de 2001, los funcionarios de Bush urdieron contactos
entre Saddam Hussein y Al-Qaeda. Y lo hicieron sonar como si combatientes
islámicos resueltos a librar una Jihad (guerra santa) contra
Estados Unidos estuvieran encaminándose a Bagdad para unir
fuerzas con los iraquíes asesinos.
En ese momento había poca evidencia al respecto, pero ahora
se han convertido en una realidad. Desde que los Estados Unidos
iniciaron su ocupación, Irak se ha convertido en la meca
de todo extremista árabe que quiere liberar a Medio Oriente
de la garra "saqueadora" de los infieles.
"Son cada vez más los extremistas islámicos
de Arabia Saudita que ingresan en Irak, aprestándose para
una jihad contra las fuerzas norteamericanas y británicas,
según advirtieron fuentes islámicas y de seguridad",
informó anteayer el diario The Financial Times, citando a
un disidente saudita que además destacó que las autoridades
sauditas están preocupadas porque unos 3000 sauditas han
"desaparecido" del reino en los últimos dos meses".
Una de las cosas que los terroristas hicieron volar en pedazos
anteayer en Bagdad y Jerusalén fue la credibilidad de la
excesivamente optimista versión de Bush acerca de lo que
está sucediendo en Medio Oriente.
El optimismo del gobierno norteamericano quedó revelado
como una fantasía cuando los dos esfuerzos más caros
a sus intenciones -la reconstrucción y democratización
de Irak, y la promoción del proceso de paz palestino-israelí-
se hicieron humo anteayer, literalmente.
Antes de la guerra en Irak, el equipo de Bush exageró el
tono respecto de las amenazas contra los Estados Unidos; desde la
guerra, moderó el tono respecto de las amenazas contra los
Estados Unidos.
Sin embargo, en otro manipulado informe del gobierno sobre Irak,
la Casa Blanca hizo una lista de las 100 cosas que van de maravillas
en los 100 días que hemos estado en escena.
El informe abundó en tecnicismos sobre "las 10 señales
de una mejor infraestructura", días antes de que un
oleoducto y un acueducto fueran destruidos por explosiones.
"La mayor parte de Irak está en calma, y continúa
el tránsito hacia la democracia y la libertad, jamás
vistas en décadas. Sólo en zonas aisladas todavía
se registran atentados", expresó el informe.
Hasta los colaboradores de Bush, que tienden a decir, ante problemas
extremadamente severos, que está todo bien, fueron sacudidos
por la masacre de anteayer en Bagdad, que dejó ver una terrible
verdad: sólo porque hayamos
|
atrapado a Uday y
a Qusay, los militantes iraquíes no van a dejar de reventar
occidentales.
Aun cuando atrapemos a Saddam, la resistencia no cejará.
La guerra de guerrillas
"La dinámica realmente ha cambiado", afirmó
un funcionario del gobierno que forma parte de la comisión
de reconstrucción. "Ahora -añadió- debemos
afrontar una guerra de guerrillas y no el terrorismo."
Osama ben Laden se inspiró para atacarnos en su odio a la
presencia militar norteamericana en Arabia Saudita. Ahora los fanáticos
extranjeros oriundos de Arabia Saudita, Egipto y Siria, enfurecidos
por la presencia militar norteamericana en Irak y en Afganistán,
cruzan las fronteras iraquíes para ayudar a las fuerzas leales
a Saddam.
A los funcionarios de Bush, que antes de la guerra también
sobreactuaron dramáticamente respecto de la conexión
entre Saddam y los militantes del grupo Ansar al-Islam en el norte
de Irak, ahora los asusta como si fueran fantasmas los cientos de
combatientes que regresan de Irán para atacar a los norteamericanos.
Los militantes fundamentalistas de Al-Qaeda y Ansar al-Islam, junto
con veteranos combatientes y nuevos reclutas extranjeros que responden
al Partido Baath, se proponen mantener a Irak sumida en la anarquía,
incluso a medida que Afganistán vuelve a deslizarse hacia
el caos.
Las fichas del dominó democrático no caen tan fácilmente
como Paul Wolfowitz y otros neoconservadores habían pronosticado.
Es difícil creer que se trata de un puñado de "temerarios
que pelean hasta el fin", como expresó el secretario
de Defensa, Donald Rumsfeld.
Es difícil creer que le será fácil a Estados
Unidos controlar las calles. Es difícil creer que la ocupación
no va a durar un largo tiempo. Es difícil creer que las instituciones
liberales puedan florecer donde la seguridad vital es una lejana
ilusión.
Especialistas de las Naciones Unidas han estado diciendo que sólo
tenemos la mitad de las tropas que necesitamos para sojuzgar a Irak,
y el senador John McCain y otros coincidieron en que necesitamos
más refuerzos.
Los países que podrían servirnos de ayuda enviando
más tropas no harán eso a menos que la administración
de la nación iraquí sea transferida a las Naciones
Unidas. Y Rumsfeld y Cia., siempre doctrinarios, no quieren ceder
Irak a esos pusilánimes con cascos azules.
De manera que, ¿en dónde estamos? No podemos irnos
ni tampoco permanecer para siempre. Simplemente, tendremos que aguantar
y pelear.
|