La Nacion
10 de Julio de 2003

 
Modelo para desarmar
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Entre la amplia gama de actividades que ejercen los delincuentes y sobre las que el Gobierno ha prometido desatar una Blitzkrieg de seis meses, desarmar vehículos robados para venderlos luego por piezas es una de las más vulnerables. El dealer de barrio puede esconder la merca en el closet del baño o en el tarro de los fideos y hasta, si lo apuran, tragarse los ravioles envueltos en una gomita. Lo que, si bien no hace desaparecer la prueba, al menos demora su presencia y, además, hace que salga en condiciones asquerosas. El reducidor de joyas puede optar por ocultarlas hasta en un osito de peluche, siempre y cuando no sea el mismo que la nena lleva al jardín de infantes. Y al que monta una cueva de dinero le basta y sobra con un par de líneas pinchadas y un cuartucho en el centro. Una fórmula que, cuando cuaja, no sólo proporciona un buen pasar sino que concede un expertise que califica muy bien en la City .

En cambio, al chatarrero furtivo no le basta con un localito de morondanga en el fondo, ya que el hombre, para contar con surtido y que la inversión en la sierra eléctrica le rinda, necesita un amplio terreno a la calle para almacenar los autos y apilar los repuestos, tanto por razones de orden práctico como de vista, ya que cualquier comerciante sabe que la mercadería entra por los ojos. Ahora bien, esto es precisamente lo que torna inexplicable todo este bochinche armado con los desarmaderos. Parece que de golpe se ha descubierto que los chorros no se llevan los autos para sacar a pasear a la vieja sino para vendérselos a esta gente. Es como si alguien se parara en Juan B. Justo y Paraguay y se preguntara qué andan haciendo por ahí esos sujetos o chicas, o mix , de tacos altos, medibachas y corpiños calados.

Llorando por las esquinas

La explicación más gruesa es que esto está impregnado del efecto elecciones, que es cuando las autoridades se ponen serias y dicen: "Bueno, se acabó, no importa lo que hayan dado para la campaña ni para la cooperadora policial; a partir de ahora compran y venden con boleta y pagan sus impuestos o serán obligados a ensamblar otra vez los autos despiezados", con lo que el parque automotor se duplicaría y el precio de los usados bajaría a la mitad. Y otra posibilidad es que, dado el alto nivel de candor de la clase política argentina, así como de las fuerzas del orden y de los cuerpos de inspectores, todos estuvieran convencidos de que la multiplicación de los desarmaderos no estaba directamente relacionada con la ola de robos y asesinatos sino con la recuperación de la economía por obra del efecto K.

El reo de la cortada de San Ignacio aseguró que el malandrinaje anda llorando por las esquinas y organizando caminatas a Luján: "Pero claro, maestro. Cafierito está buscando, para poner al frente de la Bonaerense, un comisario que no tenga cuenta en Suiza. Así que no les puede ir sino mal. Porque si el hombre resulta honrado, los va a perseguir. Pero si no, les puede salir peor: si tiene que empezar ahora a armar su capitalito para mandarlo a Zurich, ya están viendo que les va a poner la cabeza en una morsa".

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