La visita tuvo detalles interesantes que no pueden ser soslayados: ¿Por qué pidió un vaso de agua a una servidora en vez de tomarla de las tantas canillas que abundan en el parque? ¿Cualquiera puede pedir agua?
Durante tres horas el intruso se lució en solitario por la quinta y las pantallas del circuito de custodia. Los vigilantes dormían o estaban mirando otros canales. Se dice que la guardia tiene televisores con cincuenta señales. Venus es la que más atracción ejerce: la mantiene hipnotizada.
De haber sido en los años noventa el intruso hubiera sido delatado por el pájaro hablador. Se lo habían regalado al residente de la época: coleccionaba animalitos tanto como cómplices. Lo llamaban el pájaro alcahuete porque anunciaba las visitas de los integrantes de la carpa y si llegaba algún desconocido le gritaba peronista. Para así alertar que había entrado un extraño. Ya debe de haberse callado, por prudencia, si es que aún sobrevive en Anillaco o en algún otro zoológico.
El intruso actual estuvo tres horas paseándose. No se sabe si braceó algunos largos en la pileta a la luz de la luna y si lo hizo en slip o desnudo. Tampoco hay rastros de que haya sentido necesidades y las haya hecho contra un árbol o el ligustro. No sería el único: el parque ése debe tener secuelas de aguas menores y de materias mayores de distintas capas geológicas de soldados y sargentos de guardia.
El mejor chiste sobre el intruso de la quinta de Olivos lo hizo Nik en LA NACION el miércoles pasado. El intruso no había entrado sino que estaba adentro desde hacía tres años buscando la salida. Es que para el ex presidente al que aludía, no encontrar la salida fue su condena. Aunque tampoco encontró la entrada y ni siquiera una señal que lo guiara en la neblina.
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Pero el identikit elaborado por la sagaz policía no se le parece: según se ve en el dibujo podría ser cualquiera delgado y con rulitos. Si existe alguien capaz de reconocerlo sólo por esos trazos, merecería una condecoración inmediata. Ya que últimamente hay condecoraciones tan precoces que pueden causar arrepentimiento. No hay que apurarse tanto. Que los medios esperen. La ansiedad de protagonismo al único que no desgasta es a Roberto Giordano.
No hay forma de evitar que el intruso sea tomado para el chiste. No hay programa bromista que no se incluya en la manada. Yo mismo no puedo hacer otra cosa. Ultimamente me aburren los ahorristas, los bonistas, los informes policíacos, los referentes cívicos y los partidarios, sean éticos, progresistas u ortodoxos.
Me divierte el intruso. Que hayan dicho que se trataba del "Pitufo" de Crónica, o de Piñón Fijo sin maquillaje de payaso. O del fantasma de alguno de los muertos que pernoctaron en la quinta en sus ataúdes. Salvo que sea un nostálgico de alguna presidencia de las tantas de los últimos años que fue a conectarse con los viejos espíritus o a buscar en algún escondite un fajo olvidado en la mudanza.
El detalle de los labios finos es antológicamente antropológico. No podría ser Sandro ni Echarry. Carlos Menem estaría descartado. Kirchner da justo: tiene los labios de hilo.
Un intruso viene a ser un fisgón, un entremetido, un curioseador, un extraño en un sitio privado. Se aplica a la persona que está en un sitio sin derecho, que ocupa un cargo o una posición que no le corresponde, que ejerce una profesión sin estar autorizado. También al que se introduce en alcobas sin hacerse notar por uno de los miembros de la pareja legítima y estable.
En fin, si es por eso, en la Argentina hay más intrusos que habitantes legítimos.
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