Jamie
Johnson es uno de los herederos del emporio Johnson & Jonson.
Harto de las convenciones de su clase, rodó “Born rich”,
una película sobre la relación que sus padres, sus
amigos y los padres de sus amigos tienen con el dinero. Y armó
un escándalo fenomenal.
Desde que empezaron a circular los rumores sobre
su documental “Born Rich” (“Nacido rico”),
el joven Jamie Johnson, de 23 años, heredero del imperio
farmacéutico Johnson & Johnson, dice que su vida social
ya no fue la misma. “Dejé de recibir invitaciones a
fiestas en las que me presentaban chicas de la alta sociedad. Supongo
que antes me consideraban un soltero codiciado. Pero se terminó”,
dice. Johnson, que vive en una planta baja de dos ambientes en una
cuadra muy ruidosa de la Segunda Avenida, en Manhattan, Nueva York,
Estados Unidos, recuerda una fiesta de un amigo en la que, de pronto,
se encontró rodeado por un grupo de “banqueros de familias
privilegiadas” que lo trataban de “idiota” y lo
calificaban de “traidor de su clase”.
“Estaban borrachos, pero esto se repite cada noche que me
los cruzo”, dice. Jonson entiende que no está sufriendo
otra cosa que el castigo que se merece quien rueda una película
que, en lugar de contar chismes sobre amoríos escandalosos,
se mete con un tema mucho más difícil: el dinero.
La filmación de la película, que fue estrenada el
27 de octubre por la cadena de televisión por cable HBO,
llevó más de dos años y registra los esfuerzos
de Johnson por no devenir en un cliché del típico
heredero descarrilado. Su película no tiene nada de elipsis.
Es directa, casi brutal. Muestra a su padre, James Loring Jonson
como un artista solitario. Y a su abuelo, el escultor J. Seward
Johnson Jr., como una persona consumida por tremendas batallas inmobiliarias
y divorcios amargos.
Jamie Johnson entrevistó a once jóvenes de su misma
estirpe para ver cómo se las arreglan para sobrellevar la
maldición de tener “más dinero del que la mayoría
de la gente puede ganar y gastar en toda una vida”, lo cual,
según revela la película, genera una desproporcionada
catarata de fracasos, por no mencionar la cantidad de snobs y de
adictos al shopping. Por haber nacido en cuna de oro, desde niño,
Johnson tuvo acceso a una serie de personajes con apellidos como
Trump (Ivanka es la hija del magnate Donald Trump) y Bloomberg (Georgina,
la hija del alcalde de Nueva York). “Existe un código
de silencio sobre la riqueza que, supuestamente, no hay que romper.
Eso es lo que mantiene unidas a estas familias. Pero creo que el
secreto también los vuele disfuncionales”, dice Jamie.
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Johnson, que se crió
con sus hermanos en una lujosísima propiedad en Nueva Jersey,
EE.UU., entre sirvientes y caballos, dice que recién se dio
cuenta de cuán rico a los 10 años, cuando un amigo
de la escuela descubrió que su padre figuraba en la revista
"Forbes" entre los 400 hombres más ricos del país.
“Me educaron para no hablar de dinero”, cuenta el joven,
quien retrata a su familia como un grupo de gente totalmente alejada
de la realidad. Incluso, a modo de demostración, en una escena
de su película le pide a su padre consejo profesional. El
señor, confundido por su consulta, le sugiere reunir y estudiar
una colección de documentos y papeles históricos.
A continuación, Johnson visita a un coleccionista de mapas
para volver evidente cuán realista es el consejo de su padre.
A los 20 años, mientras estudiaba historia medieval en la
Universidad de Nueva York, EE.UU., Johnson decidió hacer
una película. Durante una serie de charlas con su tío,
el novelista y guionista Dirk Wittenborn, se le ocurrió la
idea de hacer “Born Rich”, a la que describe como una
especie de vacuna contra el destino que le espera a los niños
ricos. “Había escuchado tantas historias de tanta gente
que se había volcado a las drogas, aún en mi familia,
que me hicieron pensar que era una manera bastante irresponsable
de vivir”, explica. Más de 50 miembros de la elite
joven estadounidense rechazaron su propuesta. Finalmente, Jaime
logró cerrar su elenco, no sin que, antes, uno de los herederos
de las sopas Campbell le dijera que sí para, luego, arrepentirse:
“Mis padres no están de acuerdo”, le dijo.
A Luke Weil, el hijo de 22 años de Lorne Weil, presidente
y director ejecutivo de la Scientific Games Corporation, se lo ve
en la película haciendo alarde de haber tenido “el
hábito de consumir drogas a una edad increíblemente
precoz”, amén de haber consumido “bastante LSD
entre sexto y séptimo grado”. También cuenta
el poco esfuerzo que le demanda llevar adelante su carrera en la
elitista Brown University, de la que nunca lo expulsarían
porque su familia es muy rica. “En todo el primer año
habré ido ocho veces”, dice. Después de oír
algunos comentarios sobre la película, Weil presentó
una demanda legal contra Johnson, exigiéndole que cortara
sus escenas. Pero Johnson no sólo no retrocedió sino
que exhibió la demanda en la película para mostrar
qué pasa cuando los ricos hablan de dinero.
Hace unos meses, la Corte Suprema del Estado de Nueva York dictó
sentencia a favor de Johnson y contra Weil, que podría no
ser el único. Carlo von Zeitschel, el bisnieto pelilargo
del Kaiser Guillermo, que aparece en la película fumando
y haciendo alarde de sus infidelidades, también amenazó
con presentar una demanda, pero nunca lo hizo. Algunas de las personas
que participaron en el filme dijeron haber sido tentadas con argumentos
falsos: según ellos, Johnson les aseguró que era estudiante
de cine. “Ellos saben que no los engañé”,
responde Jaime. Un amigo de Johnson que se negó a aparecer
en la película dijo: “No traicionó a su clase.
Traicionó a sus amigos. Al menos podría haber editado
las escenas de manera que sus entrevistados no parecieran tan tontos”.
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