19 de Junio de 2003
Por Daniel Arias
Para LA NACION
 
Invap vendió a la India un equipo de radioterapia
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Fue adquirido por una clínica privada

  • Ese país tiene una población de 1000 millones de habitantes y anualmente compra más de 20 aparatos de este tipo
  • Cada unidad cuesta alrededor de 300.000 dólares


La empresa rionegrina de tecnología Invap confirmó ayer que ha cerrado su primera venta de una unidad de radioterapia en la India, un equipo Teradi 800 diseñado en Bariloche y construido en la ciudad de Buenos Aires, por un precio -Invap no quiso dar precisiones- de alrededor de 300.000 dólares. El aparato fue adquirido por una nueva clínica privada en la ciudad de Cuttack, a 320 kilómetros de Calcuta, y -aunque Invap tampoco lo confirmó- podría ser inminente la venta de un segundo. Así, esta empresa debuta en un mercado de 1000 millones de habitantes que cada año compra más de 20 unidades.

"Entrar en la India costó cuatro años", reconoce el doctor Eduardo Rodríguez Lubary, del Area de Medicina Nuclear de Invap. Tras un comienzo difícil a fines de los años ochenta, cuando se diseñaron las primeras máquinas Teradi, y la concreción en los noventa de las primeras exportaciones (pese a la paridad tan desfavorable entre peso y dólar), ahora parecen por fin soplar buenos vientos para el sector biomédico de Invap. Hace pocos meses, tras más de una década de campaña, Invap logró también su primera venta en otro mercado biomédico grande: el brasileño.

Brasil y la India, países con mucho mayor desarrollo tecnológico que la Argentina, quizá terminen siendo hitos en el camino a una mayor exportación de productos complejos argentinos. Como dato, los hospitales públicos de Brasil necesitarán 60 unidades más para ir llegando a la capacidad de radioterapia que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), necesita ese país de 180 millones de habitantes.

Invap es un fabricante pequeño y relativamente nuevo en el mercado de medicina nuclear, del que participan Canadá, Alemania y Estados Unidos. Sin embargo, le alcanzaría con un porcentaje pequeño de los mercados brasileño o indio para cambiar su escala de producción casi artesanal y bajar aún más sus costos, que son atractivos.

Remontando desventajas

"El Teradi 800, nuestro caballito de batalla -dice Rodríguez Lubary-, es una máquina totalmente computarizada, el equivalente de un automóvil con equipamiento full . Y cuesta lo mismo que el equipo canadiense más barato, controlado manualmente, equivalente a un auto base , sin equipamiento."

Tanto para el radioterapeuta como para el paciente con cáncer, el control computarizado no es un dato menor. Las unidades de gammaterapia son enormes máquinas de varias toneladas, en las que un cabezal (dotado de una "fuente" de cobalto 60 que emite un haz de rayos gamma) traza órbitas alrededor del cuerpo del paciente con cáncer.

Los complejos movimientos de la camilla y el cabezal intentan lograr que esta radiación invisible y destructiva "ilumine" con la mayor puntería posible el tejido tumoral (que puede adoptar formas tridimensionales muy irregulares), y deje intactos nervios y tejidos nobles adyacentes o inmersos. Junto a una perfección electromecánica casi exquisita, el control computacional de estos movimientos asegura mayor mortandad de células malignas y menores daños colaterales.

Los equipos de gammaterapia existen desde hace medio siglo, y más allá de una mayor complejidad de movimientos y mayores potencias de irradiación cambiaron bastante poco. Hoy existen unidades de primera generación, de control manual, y de segunda, con control computacional. Invap debutó en esta tecnología con el control computacional: en los ochenta fabricaba incluso la computadora del sistema. El éxito del equipo argentino se ha debido en buena medida a que es de segunda generación, pero se vende al precio de los de primera.

Pese a ello, la dificultad de Invap en cada nuevo mercado biomédico por abrir reside en que durante los ochenta y los noventa el perfil de la Argentina como exportador se "primarizó". Cada exportación a América del Sur o Medio Oriente -y ahora a Lejano Oriente- supone convencer al "establishment" médico local, así como a sus autoridades regulatorias nucleares y de salud pública, de que un producto argentino puede tener la misma o mayor perfección informática y electromecánica que uno canadiense. Y aun así, ser más barato.

La buena noticia es que Invap lo está logrando.

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