Los medios están intoxicados del pensamiento
único actual: el de la inseguridad. Reemplaza hoy al pensamiento
único económico de insuperable poder de inoculación.
Pero este nuevo pensamiento "policíaco", si no
se encuentra un argumento democrático racional y eficaz que
refute su poder de comunicación fascistoide, sensacionalista
y mortal, convierte a los medios en entusiastas sirvientes de ese
mensaje. Ciertas reacciones justicieras y profilácticas de
algunos pueblos, ciudades y barrios -que se autoproclaman puros
y decentes como si fueran extraterrestres y desmintieran toda la
historia de la condición humana- incuban el huevo de la serpiente.
En Arequito, un crimen que se presumía cobarde y alevoso,
y que originó un intento de expulsar a vecinos villeros de
categoría sospechosa, terminó por ser una riña
entre el matador y el muerto. El hecho adquiere así connotaciones
diferentes de las que iniciaron el cuento. Pero los medios copiaron
y se relamieron con la versión del error cuyo origen probablemente
tiene distintas fuentes inspiradoras, aparte de fogonear la necesidad
popular del chivo expiatorio. Además de alentar todavía
más el clima de "asustamiento" nacional que con
vocacional adicción enciende tantos prejuicios lombrosianos.
Un poco de sensatez y de calma no vendría mal. Muchos periodistas,
políticos y candidatos deberían tener menos ínfulas
de sheriff y más aplicación en tratar de entender
el porqué de la alteración del paisaje social para
hallar una respuesta inteligente en vez de afanarse por la peligrosa
doctrina de la selección poblacional y el rastrillaje limpiador.
De esta doctrina brutal salimos favorecidos bastante infundadamente
los sujetos blancos, preferentemente de vestuario fino y residencia
selectiva.
En el caso de las pasajeras que se arrojaron de un remís
en la avenida Lugones, la noticia emitida el martes 24 por el diario
Clarín anunciaba que "dos chicas se tiran de un auto
para no ser violadas". Como en cadena nacional, agencias, radio
y televisión compraron la historia como si ya tuvieran pruebas.
Las madres instintivamente corrieron a encerrar a su hijas. Los
remiseros nocturnos pasaron a ser una amenaza latente. ¿De
dónde había surgido la versión? Al otro día,
testigos e informes policiales y judiciales aclaraban que el conductor
no era un violador armado sino un epiléptico. Pero más
atractiva e inquietante -y más de acuerdo con la corriente
de la época- había sido la idea de un violador que
la de la fatalidad excepcional de un enfermo o de un chofer irresponsable
que no tomó la poción. Hoy la epilepsia es la patología
de moda: se enseña resumida por la televisión y se
regodean diciendo que al epiléptico le sale espuma por la
boca.
En el trágico escándalo de la hamburguesa tóxica
de La Plata se acusó con inocultable fervor a una cadena
de marca imperial. Pero hay serias dudas de que así sea ya
que las consideraciones científicas indican que la bacteria
podría estar en otros alimentos de elaboración azarosa.
Por otra parte, en un mercado de unos cien millones de hamburguesas
anuales, incluidos los millones de filiación desconocida
que se consumen, la ley de probabilidades trágicas no parece
hasta ahora haber usado su porcentaje.
Durante días cada una de esas noticias fueron tratadas por
los medios de la primera manera: la errónea. Como consecuencia,
la sociedad se conmocionó también erróneamente.
El pensamiento único de la inseguridad y del terror es atractivo
porque nos excita una angurria escabrosa. Pero, aunque la realidad
suele darle la razón al terror, no hace falta la brutalidad
moral de alimentarlo de exageraciones o mentiras mediáticas.
La música calma a las fieras. También necesitaría
calma cierto periodismo feroz. |