Por Orlando Barone
3 de Julio de 2003
La Nacion

 
El verso feroz de los medios
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Los medios están intoxicados del pensamiento único actual: el de la inseguridad. Reemplaza hoy al pensamiento único económico de insuperable poder de inoculación. Pero este nuevo pensamiento "policíaco", si no se encuentra un argumento democrático racional y eficaz que refute su poder de comunicación fascistoide, sensacionalista y mortal, convierte a los medios en entusiastas sirvientes de ese mensaje. Ciertas reacciones justicieras y profilácticas de algunos pueblos, ciudades y barrios -que se autoproclaman puros y decentes como si fueran extraterrestres y desmintieran toda la historia de la condición humana- incuban el huevo de la serpiente. En Arequito, un crimen que se presumía cobarde y alevoso, y que originó un intento de expulsar a vecinos villeros de categoría sospechosa, terminó por ser una riña entre el matador y el muerto. El hecho adquiere así connotaciones diferentes de las que iniciaron el cuento. Pero los medios copiaron y se relamieron con la versión del error cuyo origen probablemente tiene distintas fuentes inspiradoras, aparte de fogonear la necesidad popular del chivo expiatorio. Además de alentar todavía más el clima de "asustamiento" nacional que con vocacional adicción enciende tantos prejuicios lombrosianos. Un poco de sensatez y de calma no vendría mal. Muchos periodistas, políticos y candidatos deberían tener menos ínfulas de sheriff y más aplicación en tratar de entender el porqué de la alteración del paisaje social para hallar una respuesta inteligente en vez de afanarse por la peligrosa doctrina de la selección poblacional y el rastrillaje limpiador. De esta doctrina brutal salimos favorecidos bastante infundadamente los sujetos blancos, preferentemente de vestuario fino y residencia selectiva.

En el caso de las pasajeras que se arrojaron de un remís en la avenida Lugones, la noticia emitida el martes 24 por el diario Clarín anunciaba que "dos chicas se tiran de un auto para no ser violadas". Como en cadena nacional, agencias, radio y televisión compraron la historia como si ya tuvieran pruebas. Las madres instintivamente corrieron a encerrar a su hijas. Los remiseros nocturnos pasaron a ser una amenaza latente. ¿De dónde había surgido la versión? Al otro día, testigos e informes policiales y judiciales aclaraban que el conductor no era un violador armado sino un epiléptico. Pero más atractiva e inquietante -y más de acuerdo con la corriente de la época- había sido la idea de un violador que la de la fatalidad excepcional de un enfermo o de un chofer irresponsable que no tomó la poción. Hoy la epilepsia es la patología de moda: se enseña resumida por la televisión y se regodean diciendo que al epiléptico le sale espuma por la boca.

En el trágico escándalo de la hamburguesa tóxica de La Plata se acusó con inocultable fervor a una cadena de marca imperial. Pero hay serias dudas de que así sea ya que las consideraciones científicas indican que la bacteria podría estar en otros alimentos de elaboración azarosa. Por otra parte, en un mercado de unos cien millones de hamburguesas anuales, incluidos los millones de filiación desconocida que se consumen, la ley de probabilidades trágicas no parece hasta ahora haber usado su porcentaje.

Durante días cada una de esas noticias fueron tratadas por los medios de la primera manera: la errónea. Como consecuencia, la sociedad se conmocionó también erróneamente. El pensamiento único de la inseguridad y del terror es atractivo porque nos excita una angurria escabrosa. Pero, aunque la realidad suele darle la razón al terror, no hace falta la brutalidad moral de alimentarlo de exageraciones o mentiras mediáticas. La música calma a las fieras. También necesitaría calma cierto periodismo feroz.

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