NUEVA
YORK.- L. Dennis Kozlowski, ex presidente de Tyco International,
está siendo juzagado por estafar a su empresa y a inversores
por 600 millones de dólares. Chicos en edad escolar piratean
música y películas en Internet. Renombrados historiadores
plagian el trabajo de colegas.
"Diríamos que existe casi una aceptación
de que los seres humanos no pueden resistir la tentación
de engañar, ya fuere la trampa del beisbolista Sammy Sosa
o la infidelidad conyugal del basquetbolista Kobe Bryant",
dijo Michael Josephson, presidente del Instituto de Etica que lleva
su apellido, una organización sin fines de lucro con sede
en Los Angeles, que desarrolla actividades con escuelas y empresas
para promover el comportamiento ético.
Josephson es uno de los muchos norteamericanos
que están enterados del juicio contra Kozlowski y del bate
de corcho utilizado por el beisbolista de los Chicago Cubs, y podrían
creer que Estados Unidos se halla en medio de una nueva epidemia
de fraudes y engaños. Es casi imposible prender el televisor
o leer un diario o una revista sin observar que alguien no deplore
la actual decadencia moral. Pero, ¿hay alguna evidencia plena
de que hoy existe más gente deshonesta que antes?
En gran medida, no. Varios historiadores y especialistas
en temas éticos sostienen que simplemente no hay datos estadísticos
suficientes sobre el engaño como para sacar conclusiones.
Tampoco hay manera de establecer comparaciones empíricas
respecto del engaño a través del tiempo.
David Callahan, un experto en ciencias políticas
cuyo libro "The Cheating Culture: Why More Americans are Doing
Wrong To Get Ahead" (La cultura del engaño: por qué
más norteamericanos proceden mal para progresar) está
a punto de publicarse, reconoció que "por su propia
naturaleza, el engaño trata de pasar inadvertido, y las tendencias
en lo que respecta al comportamiento carente de ética pueden
ser difíciles de documentar".
Los abanderados de la moral tienen un caso paradigmático:
las trampas que hacen los alumnos en el colegio. Las estadísticas
han documentado su aumento en los últimos años. Y
existe un amplio consenso en que Internet ha facilitado mucho más
rapiñar el trabajo ajeno. Sin embargo, incluso en esa área
tanto docentes y estudiosos de la ética como los legisladores
advierten que Internet ha creado un territorio confuso de leyes
anticuadas y criterios en constante cambio.
"La ley, la tecnología y la ética
no están sincronizadas ni a tono entre sí en este
momento", expresó el senador Norm Coleman -republicano
de Minnesota-, que hace unos días presidió una audiencia
sobre actos ilegales relacionados con el registro de archivos y
la privacidad.
Ann Fabian, profesora adjunta de estudios norteamericanos
e historia en la Universidad de Rutgers, en New Brunswick, Nueva
Jersey, coincidió: "Internet cambió los criterios
de la propiedad intelectual, y no contamos con las normas para afrontar
eso. El lenguaje del engaño -del que pensamos desde un punto
de vista moral estable- debe evolucionar también", señaló.
En cuanto a otras disciplinas, anteriores deslices
éticos pueden competir con los actuales. ¿En el plano
deportivo? Sobre el primer partido de la primera moderna Serie Mundial
de béisbol, en 1903, recayó la sospecha de que el
equipo de los Boston Americans se entregó.
¿En el plano político? Entre el
fraude electoral de Tammany Hall y las sucias trampas del caso Watergate,
algunos historiadores sostienen que la política es hoy más
limpia que nunca.
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¿En el plano
empresarial? ¿Cómo cree el lector que los llamados
robber barons (los capitalistas norteamericanos que a fines del
siglo XIX adquirieron inmensas riquezas merced a la explotación)
recibieron ese apodo?
Para algunos historiadores, el actual grito en
el cielo respecto de que se engaña más no es sorprendente.
"Lo que se conoce como el criterio decadente
de la historia -que se remonta por lo menos hasta la época
de los puritanos- siempre tiene una generación que deplora
la moral de su sucesora", dijo Louis Masur, profesor del City
College, de Nueva York.
"Se trata -agregó- de una reflexión,
un debate, una discusión que se remonta hasta mucho tiempo
atrás. Ahora lo que ha cambiado es el volumen de la cobertura.
No es que los jóvenes estudiantes no hicieran trampas en
la Universidad de Yale hace 30 años, sino que ahora es más
fácil realizarlas. A eso le sigue la cobertura de los medios,
que nos inunda y nos hace cambiar la percepción."
Zachary Karabell, un historiador que escribe
sobre la cultura norteamericana, está de acuerdo: "Pasamos
por ciertos ciclos en los que hemos descubierto las fórmulas
para la cohesión social, y luego por otros en los que rápidamente
nos encaminamos a la perdición, como ahora. La gente debió
afrontar la súbita inseguridad económica que sobrevino
después del estallido de la burbuja de los años 90,
y recurrir al engaño hace recordar que hemos perdido algo".
Como Karabell, algunos especialistas señalan
que la preocupación por el incremento de las trampas está
relacionada con una mayor ansiedad respecto de los cambios sociales,
como los que se produjeron después del 11 de septiembre de
2001 o la nueva economía global. Los períodos de transición
-una guerra, una recesión, un auge económico- históricamente
han hecho que la gente le preste más atención a su
alma.
Todo por alcanzar el éxito
Algunos analistas de temas éticos explican
que las trampas que hacen los estudiantes -como usar Internet para
copiarse o buscar una forma indebida para aprobar un examen- nos
dan la pauta del grado del engaño actual y futuro.
Josephson dijo que su instituto encuestó
a 12.000 estudiantes secundarios en 2002 y descubrió que
el 74% de ellos admitió haber hecho trampa en un examen por
lo menos en una oportunidad el año anterior, en comparación
con el 61% que reveló la encuesta realizada en 1992.
En 2000, el 34% de los estudiantes estuvo de
acuerdo con la siguiente declaración: "Una persona tiene
a veces que mentir o engañar para poder tener éxito".
En 2002, el 43% coincidió con esa afirmación.
Para Callahan, las nuevas presiones económicas
para los de abajo y los mayores beneficios para los de arriba son
en parte responsables.
Rushworth Kidder, presidente del Instituto para
la Etica Global, se refirió a la creciente decepción
de los norteamericanos respecto de las instituciones públicas
como uno de los motivos para engañar más. "Hay
una profunda decadencia de la confianza y la buena fe", advirtió.
El propio Josephson reconoce que no existe una
respuesta definitiva y concluyente acerca de que hoy se engañe
más. No obstante, opinó: "Haya o no más
engaño, con el que hay ya es bastante".
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