07 de Octubre de 2003
Para LA NACION
Por Felicia R. Lee
De The New York Times
Traducción de Luis Hugo Pressenda

En EE.UU. dicen que la trampa y el engaño gozan de buena salud
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NUEVA YORK.- L. Dennis Kozlowski, ex presidente de Tyco International, está siendo juzagado por estafar a su empresa y a inversores por 600 millones de dólares. Chicos en edad escolar piratean música y películas en Internet. Renombrados historiadores plagian el trabajo de colegas.

"Diríamos que existe casi una aceptación de que los seres humanos no pueden resistir la tentación de engañar, ya fuere la trampa del beisbolista Sammy Sosa o la infidelidad conyugal del basquetbolista Kobe Bryant", dijo Michael Josephson, presidente del Instituto de Etica que lleva su apellido, una organización sin fines de lucro con sede en Los Angeles, que desarrolla actividades con escuelas y empresas para promover el comportamiento ético.

Josephson es uno de los muchos norteamericanos que están enterados del juicio contra Kozlowski y del bate de corcho utilizado por el beisbolista de los Chicago Cubs, y podrían creer que Estados Unidos se halla en medio de una nueva epidemia de fraudes y engaños. Es casi imposible prender el televisor o leer un diario o una revista sin observar que alguien no deplore la actual decadencia moral. Pero, ¿hay alguna evidencia plena de que hoy existe más gente deshonesta que antes?

En gran medida, no. Varios historiadores y especialistas en temas éticos sostienen que simplemente no hay datos estadísticos suficientes sobre el engaño como para sacar conclusiones. Tampoco hay manera de establecer comparaciones empíricas respecto del engaño a través del tiempo.

David Callahan, un experto en ciencias políticas cuyo libro "The Cheating Culture: Why More Americans are Doing Wrong To Get Ahead" (La cultura del engaño: por qué más norteamericanos proceden mal para progresar) está a punto de publicarse, reconoció que "por su propia naturaleza, el engaño trata de pasar inadvertido, y las tendencias en lo que respecta al comportamiento carente de ética pueden ser difíciles de documentar".

Los abanderados de la moral tienen un caso paradigmático: las trampas que hacen los alumnos en el colegio. Las estadísticas han documentado su aumento en los últimos años. Y existe un amplio consenso en que Internet ha facilitado mucho más rapiñar el trabajo ajeno. Sin embargo, incluso en esa área tanto docentes y estudiosos de la ética como los legisladores advierten que Internet ha creado un territorio confuso de leyes anticuadas y criterios en constante cambio.

"La ley, la tecnología y la ética no están sincronizadas ni a tono entre sí en este momento", expresó el senador Norm Coleman -republicano de Minnesota-, que hace unos días presidió una audiencia sobre actos ilegales relacionados con el registro de archivos y la privacidad.

Ann Fabian, profesora adjunta de estudios norteamericanos e historia en la Universidad de Rutgers, en New Brunswick, Nueva Jersey, coincidió: "Internet cambió los criterios de la propiedad intelectual, y no contamos con las normas para afrontar eso. El lenguaje del engaño -del que pensamos desde un punto de vista moral estable- debe evolucionar también", señaló.

En cuanto a otras disciplinas, anteriores deslices éticos pueden competir con los actuales. ¿En el plano deportivo? Sobre el primer partido de la primera moderna Serie Mundial de béisbol, en 1903, recayó la sospecha de que el equipo de los Boston Americans se entregó.

¿En el plano político? Entre el fraude electoral de Tammany Hall y las sucias trampas del caso Watergate, algunos historiadores sostienen que la política es hoy más limpia que nunca.

¿En el plano empresarial? ¿Cómo cree el lector que los llamados robber barons (los capitalistas norteamericanos que a fines del siglo XIX adquirieron inmensas riquezas merced a la explotación) recibieron ese apodo?

Para algunos historiadores, el actual grito en el cielo respecto de que se engaña más no es sorprendente.

"Lo que se conoce como el criterio decadente de la historia -que se remonta por lo menos hasta la época de los puritanos- siempre tiene una generación que deplora la moral de su sucesora", dijo Louis Masur, profesor del City College, de Nueva York.

"Se trata -agregó- de una reflexión, un debate, una discusión que se remonta hasta mucho tiempo atrás. Ahora lo que ha cambiado es el volumen de la cobertura. No es que los jóvenes estudiantes no hicieran trampas en la Universidad de Yale hace 30 años, sino que ahora es más fácil realizarlas. A eso le sigue la cobertura de los medios, que nos inunda y nos hace cambiar la percepción."

Zachary Karabell, un historiador que escribe sobre la cultura norteamericana, está de acuerdo: "Pasamos por ciertos ciclos en los que hemos descubierto las fórmulas para la cohesión social, y luego por otros en los que rápidamente nos encaminamos a la perdición, como ahora. La gente debió afrontar la súbita inseguridad económica que sobrevino después del estallido de la burbuja de los años 90, y recurrir al engaño hace recordar que hemos perdido algo".

Como Karabell, algunos especialistas señalan que la preocupación por el incremento de las trampas está relacionada con una mayor ansiedad respecto de los cambios sociales, como los que se produjeron después del 11 de septiembre de 2001 o la nueva economía global. Los períodos de transición -una guerra, una recesión, un auge económico- históricamente han hecho que la gente le preste más atención a su alma.

Todo por alcanzar el éxito

Algunos analistas de temas éticos explican que las trampas que hacen los estudiantes -como usar Internet para copiarse o buscar una forma indebida para aprobar un examen- nos dan la pauta del grado del engaño actual y futuro.

Josephson dijo que su instituto encuestó a 12.000 estudiantes secundarios en 2002 y descubrió que el 74% de ellos admitió haber hecho trampa en un examen por lo menos en una oportunidad el año anterior, en comparación con el 61% que reveló la encuesta realizada en 1992.

En 2000, el 34% de los estudiantes estuvo de acuerdo con la siguiente declaración: "Una persona tiene a veces que mentir o engañar para poder tener éxito". En 2002, el 43% coincidió con esa afirmación.

Para Callahan, las nuevas presiones económicas para los de abajo y los mayores beneficios para los de arriba son en parte responsables.

Rushworth Kidder, presidente del Instituto para la Etica Global, se refirió a la creciente decepción de los norteamericanos respecto de las instituciones públicas como uno de los motivos para engañar más. "Hay una profunda decadencia de la confianza y la buena fe", advirtió.

El propio Josephson reconoce que no existe una respuesta definitiva y concluyente acerca de que hoy se engañe más. No obstante, opinó: "Haya o no más engaño, con el que hay ya es bastante".

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