Creado
hace diez años por iniciativa de Amalita Fortabat y del fallecido
presidente de YPF José Estenssoro, el Eseade se publicita
a sí mismo como un semillero de empresarios. Allí
se aprende a gerenciar desde una industria textil a un club deportivo.
A Manuel Quintana, el secretario académico, se lo ve pasear
inquieto por las aulas con su autor de cabecera, Israel Kizner,
bajo el brazo. "El empresario es un innovador continuo que
no sólo descubre necesidades sino que vive creando nuevas
necesidades", dice. ¿Existe ese espíritu en la
Argentina? Quintana lo duda.
Pero la realidad es muchas veces caprichosa.
"En este país donde varias generaciones construyeron
sus empresas en base a los generosos créditos del Banade
(el extinto Banco Nacional de Desarrollo) o vendieron sus compañías
en el momento justo, surge de abajo de las piedras una vitalidad
empresaria sorprendente", señala Lisandro Bril, director
de la fundación Endeavor, que apoya a emprendendores.
¿Surgió una nueva camada? Para
Federico Sturzenegger, director de la escuela de negocios de la
Universidad Di Tella, no se trata de una cuestión de edad.
"Hay dos modelos bien diferenciados, los empresarios que crean
valor y los que buscan rentas", pontifica el economista.
En el IAE, de la Universidad Austral, prefieren
ponerle números al fenómeno. Ellos realizan el Global
Entrepreneurship Monitor. Y éstos fueron algunos de los resultados
en la Argentina durante el dramático 2002:
Con un 14,2% de tasa de actividad emprendedora, el país está
entre los cinco primeros del mundo, después de Chile y Corea.
En parte porque no tienen otra alternativa, 7 de cada 100 adultos
está embarcado en un nuevo negocio.
Si bien ser emprendedor dista de la más
abarcativa y compleja tarea de ser empresario, en el IAE vinculan
ambas actividades. Por cierto, en los dos casos resulta muy difícil.
Falta crédito, los trámites burocráticos tardan
el triple y es mucho más costoso.
Los expertos coinciden en que la gente igual da la pelea. "Argentina,
rica en recursos naturales, se beneficia de una población
que aún conserva un alto nivel de instrucción y posee
un sector agrícola orientado a la exportación y una
base industrial diversificada, que son una fuente de oportunidades",
apuntan en el IAE.
¿Alcanzará para llegar a formar
una clase empresaria como la paulista o la chilena? |