Rogelio García Lupo. PERIODISTA.
Para Clarin
Lunes 10 de Marzo de 2003
 
El crimen tercerizado
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El crimen de Estado también fue privatizado en los 90. La decadencia del Estado fue correlativa a la tercerización del asesinato político, que existió en nuestro país desde la llegada de los españoles, aunque hasta ahora no pudimos concretar la liquidación de ningún presidente, como es el
caso de los Estados Unidos.

Pero en los 90 algo cambió. Hasta entonces, los argentinos miraban en dirección al poder político cuando la muerte violenta sorprendía a alguien relacionado directamente con él. Los sicarios que asesinaron al doctor Satanowsky en 1958 hasta portaban credenciales de inteligencia estatal.

El suicidio del hermano de Eva Perón nunca convenció del todo a los argentinos, quienes todavía hoy, cuando alguno lo recuerda, subraya la palabra suicidio para sugerir la duda aunque haya transcurrido más de medio siglo. La ejecución del general Aramburu dejó un rastro que, según insisten sus amigos, llegaba desde la Casa Rosada .

En los 90 ingresaron nuevos protagonistas, criminales dispuestos a hacerse un lugar en el diseño del nuevo país. La mafia de las armas llegó a la Casa Rosada de la mano del también traficante de drogas Monzer Al Kassar. Y como
parásito de la inmigración asiática también llegó la letal mafia china. Ambas, hoy, son autónomas.

Las mafias étnicas no habían logrado desarrollarse antes. Los toscos asesinos sicilianos y calabreses que intentaron establecerse en los años 30, lo mismo que sus contemporáneos de la mafia judía, fracasaron en la
Argentina del siglo XX.

Las silenciosas masacres de la mafia china no serían posibles ahora si en la década anterior no se hubieran vendido al mejor postor y con su ayuda más de cincuenta mil pasaportes argentinos en las oficinas de nuestro país en Hong
Kong, Taiwan y China. Y la secuencia de muertes violentas asociadas con el tráfico de armas a Croacia y el estallido de la fábrica de municiones de Río Tercero, tampoco hubieran sido posibles sin la entrada triunfal de la mafia
siria en la Rosada.

La extensión y profundidad del crimen en la Argentina es unsubproducto indeseable aunque inevitable de la última década del siglo veinte. Forma parte de una transformación de la sociedad que no puede recorrerse en
sentido inverso, como algunos dicen creer. El crimen privatizado conforma el paisaje argentino, lo mismo que los pueblos abandonados por el ferrocarril y el hambre en las provincias.

La expansión de la mafia en la Argentina seguramente será incluida por los historiadores futuros entre los daños colaterales de la globalización.

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