Los clientes reconcentrados en sus conversaciones telefónicas o en las pantallas de Internet ni siquiera sospechan que, a sus espaldas, se desarrolla una curiosa procesión . Curiosa, porque esas otras personas que se pierden bajando una escalera, no entraron al locutorio para hablar por teléfono. Ellos están ahí para ver "La berenjena en mí se sublevó", una obra de teatro que se representa en el sótano del local , justo enfrente del Obelisco.
"Del Locutorio Teatro-Bar" es uno de los espacios no tradicionales porteños que ofrecen actividades artísticas o culturales. Fábricas, peluquerías, farmacias, florerías, verdulerías se convierten en una inesperada vidriera cultural , constituyendo una suerte de circuito insólito del arte en la ciudad de Buenos Aires.
¿Por qué abrir un teatro en un locutorio? A Elvira Hernandorena y Silvio Costa tampoco se les había cruzado la idea por la cabeza. Pero cuando alquilaron un local céntrico y descubrieron que tenía un sótano enorme, se tentaron. "Siempre nos gustó el teatro y soñábamos con tener nuestra sala -cuenta Elvira-. Habíamos descartado la idea, hasta que vimos ese sótano y nos pareció el lugar ideal. Estaba lleno de humedad y basura, pero lo limpiamos, levantamos paredes, hicimos el escenario e instalamos una pequeña barra de bar. Abrimos en marzo, después de siete meses de trabajos".
Elvira afirma que, aunque conviven, los mundos del locutorio y el teatro no se mezclan ni molestan. "La única contra es que, desde afuera, nadie se da cuenta que adentro hay un teatro", explica.
Una pionera en integrar el arte y la cultura a las actividades productivas y comerciales fue IMPA, una procesadora de aluminio recuperada por sus trabajadores. Desde diciembre de 1999, cuando se apagan las máquinas se convierte en La Fábrica Ciudad Cultural y ofrece obras de teatro, recitales, muestras y talleres. "Nuestro centro cultural nos aportó la posibilidad de ponernos en escena y difundir nuestra lucha. Porque en aquel entonces la gente no conocía qué significaba la recuperación de una fuente de trabajo", recuerda Pablo Piñeyro, uno de los 170 operarios asociados a la cooperativa IMPA.
Sonia Tobal, una de las responsables de la programación de IMPA, observa: "A los que venimos del mundo de los centros culturales, trabajar en una fábrica nos permite estar cerca de lo que está pasando y no quedarnos encerrados en el circuito del arte".
Siguiendo el ejemplo de IMPA, otras empresas recuperadas por sus trabajadores también inauguraron sus propios centros con motivaciones similares: abrir las fábricas al barrio y extender su lucha y debate al campo de la cultura. Desde marzo de 2003 la Gráfica Chilavert organiza ciclos de cine, recitales y talleres. Y en mayo de este año abrió el centro cultural de la Cooperativa Gráfica Patricios (ex Conforti).
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La solidaridad inspiró a algunas farmacias para explorar nuevas actividades , más allá de dar inyecciones o vender aspirinas. En Villa Lugano, entre frascos y grageas, las dos sucursales de la Farmacia Belén destinaron parte de sus depósitos para muestras de pintura, obras de teatro y charlas de medicina preventiva. En la que está en Chilavert al 6100 hasta inauguraron el Museo de Artes Visuales de Villa Lugano, que exhibe 60 obras donadas por artistas de la zona sur de la ciudad .
"Hace cinco años que organizamos actividades culturales porque es una manera de devolverle a la comunidad lo que nos da", afirma Andrés Rodríguez, del departamento de extensión cultural de las Farmacias Belén.
En pleno Once, Farmathenea también se convirtió en un polo cultural. En el salón de ventas se exponen pinturas y en el gran subsuelo fundaron el "Espacio Miserere", que ofrece muestras de arte o fotografía, teatro y conferencias. "Nuestra intención es sacar el arte de los museos y acercarlo a la gente común. Además, el arte también es salud", sostiene Pablo Collantes.
El arte también se está infiltrando entre los cortes de pelo : cada vez más peluquerías incluyen propuestas artísticas como un servicio diferencial. En Palermo, Berlín cuenta con una minicabina de DJ y planea armar una muestra de esculturas en la terraza para la primavera. Y La Lúdica está remodelando parte de su local para organizar muestras y eventos artísticos. Además, les ofrece a los clientes juegos y una biblioteca con libros de arte.
Las papas y las cebollas se codean con los libros en "No hay cuchillos sin rosas", un espacio cultural de Almagro. Allí coexisten una verdulería, una galería de arte, una cartonería y "Eloísa la cartonera", una editora de libros artesanales apadrinada por el escritor César Aira.
A veces, el arte también irrumpe en el subte . Los pasajeros suelen ser espectadores involuntarios de las presentaciones de músicos, actores y bailarines. "El objetivo es llegar con el arte a la gente sin que ésta tenga que ir a buscarlo", dice Adriana Barenstein, coordinadora del programa Subte Vive de Metrovías.
Así, puede ocurrir que los pasajeros sean testigos del accidentado rodaje de una película romántica. Ese es el planteo de "Flor de un día", la obra creada por la compañía Escena Subterránea especialmente para el subte. "Buscamos resignificar el espacio. El subte sigue siendo un medio de transporte, pero generando una situación teatral le ponemos un valor adicional . Muchas veces algún pasajero se pasa de estación porque quiere ver cómo sigue la historia", relata Martín Joab, director de la compañía.
La tendencia también llegó a algunos de los centros más tradicionales. Como el Centro Cultural de España (CCE), que incluye propuestas artísticas hasta en los baños . Un grupo de poetas, por ejemplo, pintó graffiti como "Quizás no soy un buen artista, pero sé que mi vejiga está lista".
"Estas muestras reflejan la mezcla de distintas formas de comprender y llegar al arte -dice Lidia Blanco, directora del CCE-. También provocan al artista, cuya concepción se modifica al enfrentarse con un espacio no tradicional. Así se amplía la mirada de los artistas y de la gente".
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