Por Ismael Bermudez
Para Clarin
06/10/02
 
La clase Argentina media en la Pendiente
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¿Qué pasó con la clase media argentina? La clase media se fue desclasando y desplazando. A partir de este fenómeno podemos entrar en el tema de la pertenencia. El sentimiento de pertenencia de la clase media argentina resulta difícil de identificar porque, por lo general, siempre tuvo aspiraciones de pertenecer a una clase superior. Después de la grave crisis social por la que atraviesa el país, la clase media argentina vive una experiencia de frustración al no poder concretar sus viejas aspiraciones de ascenso dentro de la estructura social.
La clase media ya no puede consumir. En la sociedad de consumo hay necesidades que deben ser satisfechas y otras que son creadas artificialmente: la clase media sufre el bombardeo de estímulos que la llevan a consumir. Las neurosis obedecen, entre otras cosas, al desfase entre el nivel de aspiraciones, necesidades y deseos de un individuo y su grado de realización.
La clase media tiene expectativas de ascenso social y, cuando no puede concretar esta aspiración, surge el sentimiento de frustración, que trae broncas y depresiones. En mi práctica clínica han aumentado, sobre todo en la clase media, la depresión y la reacción de paralización, que es un mecanismo de defensa frente a las situaciones de duelo. El duelo es dolor por la pérdida. ¿Pérdida de qué? En este caso, de un bienestar económico personal. En lo social, hablamos de depresión económica y nos encontramos con un país también paralizado. Es como si hubiera un juego especular entre la sociedad y el individuo, y una correlación entre los grados de paralización en ambos niveles, el individual y el comunitario.
¿Por qué tanta depresión? Más allá de las pérdidas concretas, entra a jugar el problema del narcisismo, de la valorización que hacen de nosotros y de la intolerancia a disminuir el estatus. Shakespeare le hace plantear a Hamlet la pregunta más trascendental del ser humano: "Ser o no ser", y parecería que el problema para la clase media se remite al "tener o no tener". O tal vez, uniendo ambas ideas, la pregunta ha pasado a ser "ser o tener". Estamos frente a una subversión de los valores. La clase media ha perdido los niveles de consumo propios de sus aspiraciones. La gente siente que si no tiene no es, y comienza a sufrir la pérdida de identidad.
En situaciones extremas, estos cuadros depresivos llevan al suicidio. Hay quienes al perder los bienes materiales sienten que pierden todo, su historicidad, su identidad, al extremo de creer que la vida ya no tiene sentido para ellos. La pérdida adquiere así significación en función de una ideología social: "Tener es ser". El suicidio constituye, de esta manera, la trágica denuncia individual de una crisis colectiva de los valores humanos. El alto índice de suicidios en la clase media es una manifestación de la intolerancia a no tener. Otra consecuencia que vemos es la incidencia de la problemática económica en los conflictos de pareja, con el consiguiente aumento de separaciones. Acá desempeñan un papel importante los cambios en el rol de la mujer. Hoy, muchas mujeres tienen ingresos superiores a los de sus parejas. Para muchos hombres no es fácil resignar el rol de proveedor al que estaban acostumbrados, y eso incide en los cuadros depresivos y en los conflictos de pareja.
Otros valores
Esta situación se ve acompañada por el problema de la anomia. Platón definía la anomia como la falta de reglas y normas. Hoy nadie sabe cuáles son las normas. Esto genera inseguridad e incertidumbre, elementos constitutivos de la anomia. Estos aspectos de la situación actual -la anomia y la pérdida de pertenencia a un grupo social- constituyen el marco explicativo del suicidio tal como lo describió Emile Durkheim hace más de cien años, y que ahora vivimos patéticamente en nuestra sociedad. Así, el integrante de la clase media urbana se va sintiendo cada vez más solo, aunque habite en un conglomerado de alta densidad humana. Y sufre la pérdida de pertenencia a un grupo social con el cual identificarse en valores fundamentales: morales, espirituales, sociales y éticos (los griegos decían que la ética era la estética del alma). Si desaparece el corralito como factor de cohesión, ¿aparecerán otros valores?
Sin embargo, la clase media argentina todavía existe. Renace de lo que queda del incendio a través de las manifestaciones populares, los cacerolazos, las asambleas barriales. ¿Se han gestado nuevas formas de representación al margen de las tradicionales? ¿Son muestras de verdadera participación? La clase media está pasando de la afiliación a la pertenencia. Comienza a darse un sentimiento de identificación, con intereses comunes que unen, que permiten cooperar para realizar una tarea común y solidaria, y da pertenencia a un grupo social. "Pertenecer tiene sus privilegios", dice una conocida publicidad. Y yo agregaría: "Y hasta puede evitar suicidios colectivos".
La depresión por la pérdida está. Pero la bronca desbloqueó la depresión. Y la paralización (no me refiero a la economía). Pero continúa la anomia. No hay reglas claras. O cambian cada día, con lo cual no hay ley ni orden. Recibimos todos los días no sólo dobles sino múltiples mensajes contradictorios.
Dice una antigua leyenda que Dios creó el mundo tres veces. La primera lo creó sobre la base de las normas, la ley y el orden. Y no funcionó. La segunda vez creó el mundo sobre la base del amor. Y tampoco funcionó. La tercera, decidió crearlo sobre la base de la ley y el orden, y el amor. Y a partir de ahí sí funcionó.
El autor es médico psicoanalista. Terapeuta familiar. Asesor de la Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud y de la Subsecretaría de Atención de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires.
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