La
actual discusión sobre el ALCA y el Mercosur, ¿replantea
o continúa el viejo triángulo conflictivo entre Brasil,
Estados Unidos y la Argentina?
Las relaciones competitivas entre Brasil y Estados Unidos son un
dato cartográfico e histórico objetivo. Son las dos
mayores geografías, economías y poblaciones del continente.
Y a pesar de las grandes asimetrías, rivalizan inevitablemente
en sus posiciones e intereses en la región. Veamos la historia:
Brasil es la América portuguesa que no se desintegró;
al contrario de la América española, mantuvo su unidad
política, económica y social y eso le permitió
tener una política exterior y ejercer una primacía
regional durante gran parte del siglo XIX. Pero era dependiente
del café en casi 60 % de sus exportaciones; y el café,
dependiente del mercado americano también en igual proporción.
Todo el esfuerzo de Brasil fue en el sentido de liberarse del café
y, consecuentemente, del mercado americano. Eso le permitió
ser la principal, si no la única, potencia industrial del
Hemisferio Sur. La Argentina podría haberlo sido también;
tuvo un gran momento durante cuatro o cinco décadas de enorme
prosperidad, mayor que Brasil. Pero vinculada a Inglaterra, declinó
con Inglaterra y se quedó atada a aquel recuerdo.
Se suele remarcar la diferente actitud de ambos países
en la Segunda Guerra, el apoyo de Brasil a los aliados y la neutralidad
de la Argentina...
¡Pero si Brasil era tanto o más neutralista que la
Argentina! Lo que pasó es que Brasil tenía minerales
que Argentina no tenía. Estados Unidos no necesitaba de carne
y trigo, tenía de reserva. La neutralidad argentina fue favorecida
y apoyada por Inglaterra, que percibía en las presiones americanas
una lucha contra los intereses ingleses en la Argentina y necesitaba
además que los buques no fueran torpedeados por los alemanes.
Pero Brasil tenía, además de materias primas que interesaban
a Estados Unidos, una posición geoestratégica mucho
más importante que la argentina.
La Argentina formaba parte del mismo
escenario geopolítico, y sin embargo, Estados Unidos fue
mucho más duro, aplicó otro criterio con este país.
Porque Argentina, insisto, no era estratégicamente tan relevante.
No tenía hierro, ni esa proyección geopolítica.
Tenía un nacionalismo, eso sí, que molestaba mucho
a los Estados Unidos, pero que era fácil de castigar. Lo
que más les interesaba, en realidad, era terminar con la
influencia británica en este país. Y mantener el equilibrio
de poder regional sosteniendo la rivalidad entre Argentina y Brasil. |
¿Qué
ocurre después de la guerra?
Los militares norteamericanos ganaron influencia y pasaron a tener
contacto directo con militares latinoamericanos, por encima de los
gobiernos. Esto llevó a acabar la hostilidad y las sanciones
hacia la Argentina. Mientras, la competencia por la ayuda económica
norteamericana para la compra de armas indujo a los sectores de
poder argentinos a buscar un alineamiento mayor con EE.UU. Todo
eso terminó en los golpes militares que sufrieron nuestros
países en los años 60.
Sin embargo, las rivalidades continuaron y se acentuaron
incluso como "hipótesis de conflicto".
En primer lugar, hay que tener presente que los gobiernos
militares de Argentina y Brasil tomaron distintos rumbos y establecieron
distintas alianzas con los sectores económicos, tal como
ya había ocurrido en 1930 (en Argentina triunfaron los militares
conservadores; en Brasil, éstos resultaron apartados). En
Brasil se consolidaron los sectores industrialistas mientras en
la Argentina la antinomia entre los intereses del sector agroexportador
y las necesidades de la industria no fue resuelta, ni se superó
el círculo vicioso del estancamiento económico y la
inestabilidad política e institucional. Curiosamente, los
sectores militares argentinos que más se preocuparon por
la supuesta "amenaza" expansionista de Brasil fueron los
que terminaron con la paridad estratégica entre ambos países
al abrir el mercado argentino a las importaciones, devastar las
industrias nacionales y contraer un fabuloso endeudamiento externo:
fue entonces, a partir de la segunda mitad de los años 60,
cuando Brasil logró, por medios económicos y diplomáticos,
los resultados de una guerra victoriosa, restaurando —un siglo
después de haberla perdido en la guerra de la Triple Alianza—
su condición de potencia regional indiscutida.
¿En qué representan el Mercosur y el ALCA
la continuidad de aquellas contradicciones?
Los primeros acuerdos firmados por Alfonsín y Sarney
rescatan los objetivos ya propuestos en 1941 por los cancilleres
Aranha y Ruiz Guiñazú: integrar un mercado común
cuyo eje Río-San Pablo-Córdoba-Rosario-Buenos Aires
constituiría la región de mayor desarrollo de América
del Sur. Durante los años 90, esto viró hacia un carácter
librecambista, de apertura general, que en cierta forma abandonaba
el concepto de integración flexible y gradual. El ALCA y
el Mercosur son dos proyectos incompatibles. El objetivo de los
Estados Unidos con el ALCA es extender sus mercados para paliar
su extraordinario déficit y colocar sus productos, una adaptación
del viejo proyecto panamericanista del presidente Benjamin Harrison;
el Mercosur, en cambio, es el único proyecto viable de desarrollo
para los países de la Cuenca del Plata: hay una necesidad
de escala de producción y de construcción institucional
supranacional. Argentina vinculada a Brasil tiene una población
de más de 200 millones de habitantes; aislada, es poco lo
que podrá hacer por sí sola.
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